Jueves, 27 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Lindelof, quince años después: "la isla fue real y punto"

El cocreador de Perdidos volvió a desmentir la teoría del purgatorio y reveló el antiguo texto budista que inspiró los flash sideways de la última temporada. Una decisión de guion que se tomó entre la tercera y la cuarta entrega y que cambió para siempre la lectura del final.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 52 min

A más de quince años del final de Perdidos, Damon Lindelof volvió a meterse en el ojo de la tormenta con una frase que dejó a los fans con la boca abierta: "Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien". Sí, señor: la Iniciativa Dharma fue real, la isla fue real y, según el cocreador de la serie, Hurley y Ben seguían operando ahí mientras Jack Shepherd agonizaba en un banquito mirando el océano. Lo que no ocurrió, ojo, fue esa línea narrativa paralela de la sexta temporada donde el vuelo Oceanic 815 nunca se estrella y los personajes ni siquiera se conocen. Esa parte, querido lector, es otra cosa.

La aclaración llega para terminar de enterrar, de una vez por todas, la teoría más famosa y más equivocada que parió internet: aquella que aseguraba que la isla era el purgatorio y que durante seis temporadas nos habían mentido en la cara. Lindelof lo negó varias veces y lo vuelve a negar ahora con una lógica cinematográfica impecable. El último fotograma de la serie muestra a Jack cerrando los ojos y muriendo. Ese momento pertenece al relato principal, al hilo de lo que efectivamente pasó. El resto, los famosos flash sideways donde Kate, Sawyer, Locke y compañía se cruzan en Los Ángeles sin reconocerse, representa la experiencia de los personajes después de la muerte, no una realidad alternativa ni un capricho de guionistas con ganas de marear al público.

El libro tibetano que les cambió la vida

La idea de armar esa dimensión post mortem no salió de la nada ni de una reunión con pizzas a las tres de la mañana en la sala de escritores. Los guionistas sabían desde temprano que la serie iba a cerrar con la muerte de Jack: la simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el final les parecía la conclusión correcta, casi un mandamiento del libreto. El problema era otro: cómo mostrar lo que le pasaba al personaje después, sin caer en obviedades ni en el clásico flashback celestial que ya había usado medio Hollywood.

La respuesta la encontraron en el Bardo Thodol, más conocido por estos lares como el Libro tibetano de los muertos. El concepto del bardo describe un estado intermedio en el que una persona muere pero no sabe que está muerta; nadie puede avisarle, aunque puede recibir señales del entorno. Lindelof lo resumió con una claridad que ya quisiera más de un crítico de cine: "La idea de bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabes que estás muerto. Nadie puede decírtelo". Con ese principio bajo el brazo, los flash sideways dejaron de ser un truco de relojería y se transformaron en un limbo con reglas propias.

Por qué metieron los viajes en el tiempo

Para que el recurso no se notara desde el capítulo uno, los guionistas hicieron algo muy astuto y muy odiado por el público al mismo tiempo: introdujeron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y construyeron toda la quinta sobre esa base. La intención, confesó Lindelof, era que la gente interpretara los flash sideways como una paradoja temporal más, como otro efecto del reloj que hace que el conejo blanco se cruce con el sapo y todos terminemos mareados. Recién cuando los propios personajes empezaran a recordar cosas que en esa línea nunca habían vivido, la pregunta iba a caer sola: ¿cómo alguien puede acordarse de algo que nunca le pasó? Ahí, y solo ahí, el velo se correría.

  • La isla fue real: la Iniciativa Dharma existió y Hurley con Ben siguieron a cargo.
  • Los flash sideways no son una realidad alternativa: muestran la experiencia post mortem de los personajes.
  • La inspiración vino del Bardo Thodol, el Libro tibetano de los muertos.
  • Los viajes en el tiempo de las temporadas cuatro y cinco se incluyeron para tapar la pista.
  • El cierre estaba decidido desde temprano: Jack debía morir con los ojos cerrados, espejando el piloto.

A esta altura, una recomendación que nada tiene que ver con la nota pero que el oficio me obliga a hacer: si te gustó Perdidos y querés ver algo independiente que le haga justicia a la idea del limbo sin necesidad de explanations, date una vuelta por la cartelera alternativa y buscá cualquier propuesta del circuito off. Hay cosas interesantes dando vueltas, aunque el Septiembre Musical, claro, año tras año, sigue siendo el único evento en el que la gente se pierde de verdad y vuelve sin saber cómo llegó. Volvió Lindelof a hablar, vuelve el bardo, vuelve el debate. Lo que no vuelve, justamente, es la isla. Y eso, fans, ya lo sabíamos.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

Te puede interesar