Jueves, 27 de agosto de 2026
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Se fue el Negro Rada y el Río de la Plata se quedó sin su candombe

El músico uruguayo Rubén Rada murió a los 83 años tras casi un mes internado por una neumonía. Artistas argentinos y uruguayos lo despidieron en las redes con palabras que ratifican lo que cualquiera que haya escuchado "Botija de mi país" ya sabía: este tipo era un gigante.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · 26 de agosto de 2026 · hace 2 h

"La familia Rada es la familia Páez", escribió Fito Páez al conocer la noticia de la muerte de Rubén Rada. Es una de esas frases que suenan a lugar común hasta que uno se acuerda quién la dice y a quién se la dice, y entonces entiende que no hay forma de exagerar. El Negro Rada murió este miércoles a los 83 años, después de casi un mes peleando contra una neumonía que finalmente lo venció, y el Río de la Plata se quedó con un hueco que no se llena con un comunicado ni con un hashtag.

El velatorio se realiza en el Palacio Legislativo de Uruguay, con acceso abierto al público. No es un detalle menor: para que un gobierno abra las puertas del Parlamento tiene que haber muerto alguien que de verdad le pertenece a un país entero, y no a una facción ni a un circuito. Rada arrancó en los años sesenta en Montevideo y nunca se fue del centro de la escena regional: candombe, jazz, rock, murga, lo que se le cruzara, todo le salía con esa voz ronca y esa sonrisa que parecen inventadas para un escenario.

Canciones que son de todos

  • Tengo un candombe para Gardel, la jugada maestra de mezclar al Morocho del Abasto con las tambores afro Uruguayos.
  • Cha-cha, muchacha, un clásico bailable que sigue sonando en cualquier fiesta que se precie de rioplatense.
  • Ayer, te vi, de las baladas más escuchadas de la música Uruguaya.
  • Botija de mi país, escrita con Eduardo Mateo y convertida con los años en himno de nicho y de himno de todo.

Fito Páez contó en su libro Infancia y Juventud cómo lo conoció de adolescente en un local porteño de la zona de Corrientes y Callao, y cómo de ese primer encuentro salió una amistad que duró toda la vida. No fue el único: Natalia Oreiro, compatriota y admiradora, le dedicó la letra de Botija de mi país y lo despidió diciendo que es "lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo". Gustavo Santaolalla, que sabe bien lo que es ser un artesano de la música, lo recordó como "artista extraordinario, de múltiples talentos" y agregó que "tu voz y tu bella persona quedan para siempre con nosotros".

“Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.”Fito Páez

También hubo mensajes de Valeria Lynch, Los Auténticos Decadentes, Charly García y Nito Mestre, entre otros. Cada uno a su estilo, todos coincidieron en lo mismo: Rada era de esos músicos que entran a un lugar y lo cambian, que tocan lo que tocan y suena a Río de la Plata, que se codean con Gardel y con Mateo sin que les tiemble la voz porque saben que están a la altura.

En medio de tanto elogio institucional y tanta nota con foto de archivo, uno se pregunta por qué los medios seguimos cubriendo estas muertes con el mismo tono solemne de los partes oficiales, como si nos alcanzara con repetir que el velatorio es en el Parlamento y que el país está de duelo. Lo que vale la pena contar es que este tipo tocaba el candombe como si le estuviera contando un chiste a un amigo en un bar, y que esa es la razón por la que un pibe rosarino, una actriz montevideana y un rosarino santafesino terminan llorando al mismo tiempo por el Negro Rada.

Por eso, antes de cerrar esta nota con el lagrimeo obligatorio, va una recomendación que no va a aparecer en la cobertura de los grandes portales: si nunca escucharon a Rada en serio, dense el gusto de ir a buscar los discos con Toto Greppi y con Hugo Fattoruso. Ahí está el Rada de los bares, el de las jams, el que no necesita despedirse de nadie porque su música sigue sonando en cualquier escenario donde haya un tambor y alguien con ganas de pasarla bien. Y de yapa, ya que estamos en septiembre y la temporada de festivales rioplatenses empieza a pegar fuerte, imaginen a Rada haciéndose el pícaro en el escenario del Septiembre Musical tucumano: probablemente habría bajado del escenario, se habría robado un empanada y habría convencido a todo el público de que la mejor manera de despedirlo era seguir bailando hasta que salga el sol.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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