Barcelona le da vuelta la página y se la juega por una camada de desconocidos de la NBA y la G League
Tras una temporada en blanco, el club catalán cambió la base del plantel, despidió a Xavi Pascual y le confió el banco a Aleksander Sekulic, un técnico que apenas asoma en el mapa europeo
El Monumental del básquet europeo es el Palau Blaugrana. Esta vez, lo que se cerró puertas adentro fue un ciclo entero. El Barcelona terminó la temporada sin playoffs de Euroliga y con la final de la ACB perdida, y la dirigencia tomó nota: barrió el banco, barrió el vestuario y apostó a casi todo o nada.
La decisión la motoriza el director deportivo Xevi Pujol, que se cansó del viejo recetario de figuras consagradas y prefirió un equipo con hambre, físico y futuro. Del plantel que se fue apenas quedaron Kevin Punter, Joel Parra, Darío Brizuela y Juan Núñez. Lo demás es tinta fresca.
Los nombres que aterrizan en el Palau
- Umoja Gibson, con pasado reciente en la G League.
- Tyrese Martin, exjugador de la NBA.
- Stanley Umude, otra cara que viene de la liga de desarrollo de Estados Unidos.
- Tosan Evbuomwan, también con experiencia en la G League.
- Justin Minaya y Olivier Nkamhoua, que llegan sin roce en la Euroliga.
- Josh Nebo, la excepción: ya conoce el ritmo europeo.
- Justin Robinson, que viene de una buena temporada con Paris Basketball.
Todos, salvo Nebo y Robinson, afrontarán su primera temporada en la máxima competición de clubes de Europa. Para decirlo en criollo: no saben lo que les espera cuando la pelota suba en Belgrado, en Estambul o en Madrid.
El banco, otro cambio de aire
En el banco se sentará Aleksander Sekulic, que no era la primera opción pero terminó quedándose con el sillón que dejó vacante Xavi Pascual. Su paso reciente por Dubai y el nexo con Kuzey Kilic, el nuevo responsable del área de scouting, inclinaron la balanza. Para el entrenador es el desafío más grande de su carrera, algo que ni el mejor guion le podía ofrecer.
La apuesta tiene su riesgo, claro. La mayoría de estos jugadores deberá acostumbrarse a la exigencia de la Euroliga en tiempo real, sin red. Si la curva de aprendizaje se acelera, el Barcelona puede pelear arriba. Si los tiempos no se cumplen, la paciencia del Palau se va a agotar rápido.
Como me dijo un socio que suele cortar la fila del bufé en el entretiempo, de esos que llevan el carnet en la billetera desde 1998: 'Nos cambiaron hasta el equipo, ahora quiero ver si estos pibes la bancan cuando el Palau les apriete'. La pregunta cae de maduro: ¿puede una camada que viene casi toda de Estados Unidos meterse en el mapa grande del básquet europeo, o se vuelve a quedar en el camino?
