Calvo y Ambrossi se mandaron la parte y filmaron la obra que Lorca no terminó
La dupla española convirtió cuatro páginas del dramaturgo en una peli completa: imaginaron qué hubiera pasado con Carlos, el pibe que quería entrar al casino de Granada y se llevaba todas las bolas negras. Acá te contamos cómo la armaron y por qué te puede interesar.
«Todo es un qué hubiese sido si», soltaron Javier Calvo y Javier Ambrossi en la presentación de La bola negra, la película que se animaron a construir sobre el borrador inconcluso que Federico García Lorca dejó en cuatro páginas. La frase no es un detalle menor: define el corazón del proyecto, que no pretende suplantar al poeta ni fabular que recuperó el manuscrito original, sino correr el eje y preguntarse qué podía haber pasado con esos personajes que el autor nunca alcanzó a terminar de dibujar.
La historia que Lorca tenía en la cabeza era bastante concreta: Carlos, un joven de Granada, golpea la puerta de un casino y los socios del lugar deciden su admisión a voto, usando bolas blancas y negras. Si predominan las negras, queda afuera. El argumento se lo contó el propio Lorca a Cipriano Rivas Cherif, dramaturgo y gestor cultural que ofició de interlocutor del poeta en más de un proyecto. En las cuatro páginas que sobrevivieron aparece, sobre todo, una charla entre Carlos y su hermana, y ni siquiera ahí se menciona de manera directa la homosexualidad del protagonista, que era el verdadero motivo del rechazo. Pero la trama lo daba por sobreentendido y por eso la dupla decidió llevarlo al centro de la película.
Cómo se cocina una continuación cuando no hay final
- Con el elenco de personajes que Lorca había proyectado, que llegaba hasta 36 nombres entre familiares, amigos y vecinos del protagonista.
- Con las cartas que se conservan del poeta, donde se cruzaban pistas sobre el rumbo que pensaba darle a la obra.
- Con los recuerdos de amigos y conocidos que escucharon de boca del propio Lorca cómo imaginaba las escenas siguientes.
- Con la decisión deliberada de no presentar el resultado como un final escrito por el dramaturgo, sino como una versión posible entre varias.
El trabajo de los directores españoles tiene un mérito extra: evita la tentación del pastiche solemnioso. En vez de disfrazarse de Lorca y tirar quotes al azar, asume que está completando un rompecabezas al que le faltan la mayoría de las piezas y trabaja con lo que hay. Las cartas y los testimonios funcionan acá como apuntes de un director de orquesta que se murió a mitad de ensayo: sirven para imaginar la melodía, no para fingir que la escuchaste entera. El resultado es un filme que se planta en el género del «qué hubiese pasado» sin pedirle al espectador que crea que el poeta lo escribió.
“El manuscrito se conserva junto con otros textos del autor en un recinto blindado, mantenido a 21 grados, después de que su desarrollo quedara interrumpido por el asesinato de Lorca en 1936, cuando tenía 38 años.”
¿Y qué te tiene que importar a vos como espectador? Te lo digo sin vueltas: si te copa la idea de ver una peli que no necesita engañarte con la firma del autor para funcionar, esta es de las propuestas más honestas del año. No te va a resolver el misterio de qué iba a pasar con Carlos, ni va a inventarse un Lorca póstumo. Te va a ofrecer una de las varias respuestas posibles y, en el camino, te deja pensar cuántas historias de esas quedaron flotando cuando sonaron los tiros en Viznar. Para ir entrando en calor, te dejo una recomendación que nada tiene que ver con la Granada lorquiana y sí con el teatro independiente de acá: date una vuelta por cualquier sala chica que esté dando funciones este finde, esas que programan a las apuradas y donde se ve a los actores transpirar la camiseta. Y ya que estamos a fines de septiembre, va el chiste de cabecera: otro año más en que el Septiembre Musical se presenta como si fuera la fiesta de la primavera, pero con la grilla de siempre. Menos mal que todavía nos quedan los cines y las salas off para escapar del molde.
