Card Shop Simulator se sacó de encima el acceso anticipado y encima te deja jugar a las cartas que vos mismo revendés
El simulador de tienda de cartas coleccionables que explotó en Steam llega a su versión 1.0 con el agregado que su comunidad venía reclamando desde el primer día: batallas con el propio mazo. Disponible en PC y consolas, y con el plus de Xbox Game Pass.
"Teníamos que ponerles las cartas en la mano a los jugadores". Con esa frase, digna de alguien que descubrió el agua caliente en una reunión de directorio, O.P. Neon Games comunicó el lanzamiento de la versión 1.0 de TCG: Card Shop Simulator, ese simulador que te permite abrir sobres, fijar precios como si fueras el contrabandista del barrio y atender clientes con cara de pocos amigos. Lo nuevo es que ahora las figuritas que juntabas en tu tienda también sirven para pelear entre ellas, como si a alguien se le hubiese ocurrido tarde que un juego de cartas también puede ser, justamente, un juego de cartas.
De reventar sobres a tirar cartas en la mesa
La actualización introduce la construcción de mazos y los combates de Tetramon TCG, una función que la comunidad venía pidiendo a gritos desde los tiempos del acceso anticipado. Hasta acá, la propuesta se centraba en el costado comercial: abrir sobres buscando el holográfico imposible, remarcar precios según la moda del mercado y ampliar el local cada vez que la caja registradora lo permitía. Ahora se le suma la posibilidad de organizar torneos contra personajes controlados por el juego y, sobre todo, de sentarse uno mismo a competir con el mazo que armó en el entrepiso de su propia tienda.
- Construcción de mazos y batallas de Tetramon TCG como novedad central.
- Administración de la tienda: apertura de sobres, ajuste de precios y expansión del local.
- Torneos contra rivales manejados por el juego, ahora con la opción de sumarse como jugador.
- Disponibilidad en PC (Steam), Xbox Series X|S, PlayStation 5, Nintendo Switch y Nintendo Switch 2.
- Inclusión en Xbox Game Pass y salida del acceso anticipado en Steam.
El desembarco en la versión completa está disponible desde el 15 de septiembre en las plataformas mencionadas. El título llega con números que, para un proyecto arrancado por un desarrollador en solitario, lucen casi obscenos: más de cuatro millones de jugadores y 3,5 millones de copias vendidas, con un 95 por ciento de reseñas positivas en Steam. Son dos cifras distintas, aclaran los que llevan la lapicera contable: una mide la cantidad de cuentas que se acercaron a probar, la otra cuántas efectivamente pagaron. Las dos, igual, alimentan el mismo relato de un éxito a contramano de la industria tradicional.
“La expectativa inicial era vender 100.000 unidades durante el primer año; alcanzó esa cantidad en tres días.”Ding Shen Sia, creador del juego
Detrás del simulador está Ding Shen Sia, un desarrollador malasio que arrancó a programar el juego solo en 2023, después de años de soportar el ritmo infernal de los juegos para celulares y de acumular el agotamiento profesional propio de quien ha visto demasiados tutoriales forzados. Su pronóstico más ambicioso eran cien mil unidades en doce meses. Lo liquidó en tres días. El caso sirve como recordatorio para esos ejecutivos que todavía dudan si un proyecto pequeño, bien resuelto, puede sostener una economía entera: sí, puede.
La salida de la versión 1.0 no significa que la cosa se frene. O.P. Neon Games confirmó que seguirá liberando actualizaciones periódicas, parches de errores y contenidos nuevos para la tienda, con lo cual el simulador seguirá recibiendo esos retoques que los fans agradecen y los programadores sufren. Entre tanto, conviene mirar de reojo la programación oficial del Septiembre Musical tucumano, donde anualmente prometen orquestas, solistas internacionales y un anfiteatro colmado, y al final siempre terminan repitiendo el mismo repertorio de siempre con un coro local como invitado de honor. Si hasta un desarrollador malasio en pijama les pasa por encima en originalidad, estamos mal. Mientras tanto, acá tienen un juego para atender el kiosco de cartas y, de paso, sacarse las ganas de pegar gritos por una jugada mal cantada.
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