Carrie vuelve a clase, pero esta vez el bully también la espera en el celular
Prime Video estrena la serie de Mike Flanagan con Summer H. Howell como protagonista: ocho capítulos que estiran la novela de Stephen King y le suman el peso del acoso digital sobre una chica con poderes telequinéticos.
"Leíamos el libro de Stephen King en la secundaria y nadie pensaba que podía viajar tan bien a 2025", confesaron en la presentación ante la prensa. La frase, pronunciada por uno de los productores, resume la propuesta que Prime Video estrenó el 7 de octubre: una Carrie White que ya no recibe baldes de sangre en el baile de graduación, sino que llega a su casa y descubre que la humillación también se aloja en el feed de una red social. Ocho episodios, todos disponibles desde el primer día, escritos y producidos por Mike Flanagan, que además se sentó en la silla de director en cuatro de ellos. King, otra vez, figura como productor ejecutivo y, otra vez, parece no enterarse demasiado de lo que se cuenta con sus personajes.
La novela original tenía la incomodidad de un termo a punto de estallar: una chica criada en el fanatismo religioso de su madre, un colegio que la mastica como a un paquete de galletitas y un final que cualquiera conoce aunque no haya leído una línea. Flanagan tomó ese material y le agregó dos cosas que la versión de 1976, la de Brian De Palma, no necesitaba: tiempo y pantalla de celular. La primera le permite estirar la relación entre Carrie y su madre Margaret, que Samantha Sloyan lleva con una devoción de monja medieval. La segunda instala un acoso que no se agota en el aula: un video viral, un grupo de WhatsApp, un comentario que vuelve a aparecer tres temporadas después. Aclaremos: no reemplaza el bullying clásico, lo potencia.
Una protagonista que no había leído a King
Summer H. Howell, canadiense de 22 años, ganó el papel entre más de mil quinientas postulantes. Cuando le ofrecieron la audición no había abierto el libro ni visto ninguna de las películas anteriores. Decidió mantener esa virginidad kingniana durante toda la preparación y construir a Carrie desde sus propias ganas de conocer el mundo, no desde el peso de las versiones previas. Eligió quedarse en la zona de la curiosidad y del descubrimiento antes que en la zona del trauma clásico. ¿Funciona? A veces sí, sobre todo en las escenas con Sloyan. A veces se nota demasiado que la serie quiere ser empática con su protagonista antes que perturbadora, como si tuviera miedo de incomodar al espectador con la incomodidad que el relato propone.
“Cuando te criás en un entorno cerrado y empezás a ver el mundo, los errores quedan en la nube. Y en la nube no se borran.”Summer H. Howell
Elenco y comparaciones obligadas
- Samantha Sloyan como Margaret White, la madre. El mejor personaje de la serie y el único que entiende de qué habla King cuando escribe fanatismo.
- Siena Agudong como Sue Snell, la clásica amiga incómoda que pide perdón demasiado tarde.
- Joel Oulette como Tommy Ross, el novio nice que en esta entrega tiene más tiempo para no hacer casi nada.
- Amber Midthunder como Miss Desjardin, la profesora de educación física que en esta versión se nota más protocolar que la de 1976.
- Flanagan dirigió cuatro capítulos y escribió los ocho: su marca registrada, los diálogos larguísimos y las elipses sentimentales, aparece sobre todo en el tramo final.
Ahora bien, cabe hacerse la pregunta del millón que nunca quiere responder ningún fanático del streaming: ¿qué aporta el formato serie a una historia pensada originalmente como novela corta? La respuesta honesta es: le da aire a la relación con la madre, le da espacio al acoso digital y le da espacio a Samantha Sloyan para comerse la pantalla cada vez que aparece. Lo que no le aporta es una razón firme para estirar la tragedia hasta los ocho capítulos. Hay dos o tres episodios centrales que justifican la inversión, un par que funcionan como transición aceptable y otros donde se nota que al guion le faltaron tijeras. El final, sin spoilear, discute con el libro y discute con De Palma. A veces gana. A veces queda en empate.
Para los que prefieran ver a Stephen King bien discutir con Stephen King, hay otra opción dando vueltas estos días: la temporada aniversario del Septiembre Musical tucumano, donde cada noche se proyecta una adaptación distinta del escritor de Maine para que el público elija la que más le gusta. Esta semana, en paralelo, en un centro cultural del barrio de San Telmo se exhibe una muestra pequeña con ediciones antiguas de los libros y una proyección libre del clásico de De Palma, comentada por estudiantes de cine. Es independiente, sin patrocinadores de streaming y, contra toda lógica, sigue siendo la mejor manera de entender por qué Carrie sigue importando: porque el bullying nunca necesita una promoción especial para hacer daño.
Firma: Fernando Yapura, Cultura y espectáculos.
