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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando bajar la grasa corporal de más sale caro: el cuerpo empieza a comerse sus propios músculos

Especialistas advierten que reducir las reservas adiposas por debajo de ciertos umbrales puede alterar hormonas, debilitar los huesos y comprometer la respuesta a infecciones. Tampoco hay un número mágico: la edad, el sexo y dónde se acumula la grasa cambian el diagnóstico.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 9 d
Cuando bajar la grasa corporal de más sale caro: el cuerpo empieza a comerse sus propios músculos

“Yo quería verme marcado para el verano y terminé con un análisis que me daba la testosterona por el piso”, me dijo la semana pasada un vecino de Caballito que toma la línea 96 cada mañana. Su caso resume lo que la ciencia viene repitiendo: cuando la grasa corporal cae demasiado, el cuerpo empieza a pagar los platos rotos.

El tejido adiposo no es un estorbo. Almacena energía y fabrica hormonas, entre ellas la leptina, que le avisa al cerebro cuánta reserva hay disponible. Si esa señal cae, el organismo se pone en modo ahorro y relega funciones. Así lo explicó Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford.

Lo que puede pasar cuando la restricción es excesiva

  • Pérdida de masa muscular: el cuerpo usa el músculo como combustible si las calorías no alcanzan.
  • Baja de testosterona en hombres, con caída de energía y rendimiento.
  • Irregularidades o ausencia menstrual en algunas deportistas.
  • Debilitamiento óseo: se afecta tanto la formación como la reparación del hueso.
  • Peor respuesta frente a infecciones graves por falta de reserva energética.

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, fue clara: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. La advertencia cobra fuerza en un estudio con más de 700 deportistas coordinado por Tamara Hew-Butler, de la Universidad Estatal de Wayne, donde los mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que se asocia a la definición muscular.

El problema es que no existe un porcentaje adecuado para todos. La balanza de bioimpedancia, tan habitual en los gimnasios, se descalibra con la hidratación. Los pliegues cutáneos no llegan a la grasa que envuelve los órganos. La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, pero pide equipos especiales y suele ser cara.

Y ojo: el exceso también preocupa cuando la grasa se acumula alrededor de los órganos. La grasa visceral favorece la liberación de sustancias que inflaman el cuerpo y elevan el riesgo cardiovascular. Por eso, antes de obsesionarse con un número en la balanza, conviene pedir un examen médico serio y dejarse guiar por un profesional.

A los que viven pendientes del espejo les digo lo mismo que le dije a mi vecino de Caballito: si vas a bajar la grasa, que sea con control clínico y buena alimentación. El cuerpo no es una foto de Instagram, es la herramienta con la que salís a trabajar todos los días.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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