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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando De Niro y Streep se animaron a un romance sin balas ni Óscar: la película maldita de 1984 que hoy vuelve a verse

Cuarenta y dos años después de su estreno, el film que juntó a dos de los monstruos sagrados de Hollywood en un registro íntimo sigue incomodando. Repasamos por qué funciona, por qué fracasó en taquilla y qué dice de un Hollywood que prefiere el ruido al susurro.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · · hace 3 d
Cuando De Niro y Streep se animaron a un romance sin balas ni Óscar: la película maldita de 1984 que hoy vuelve a verse

En 1984 salió a las calles una rareza que el tiempo se encargo de poner en su lugar: una película romántica para adultos, con dos actores que venían de comerse la pantalla a base de personajes extremos, decidiendo bajarse a la vereda de la gente común. Robert De Niro y Meryl Streep, juntos otra vez después de El francotirador, se metieron en la piel de un hombre y una mujer casados que se enamoran en Manhattan sin necesidad de secuencias de acción, flashback bélicos ni frases que queden en los posters. La dirigió Ulu Grosbard con un guion de Michael Cristofer, y Paramount apostó por ella como si fuera una película más. No lo era. Y esa es, justamente, parte de su encanto y de su fracaso comercial.

La historia arranca con un error doméstico: en una librería neoyorquina, Frank Raftis (De Niro) y Molly Gilmore (Streep) se llevan por accidente los paquetes que tenían que entregar a sus familias. Lo que parece una molestia menor se vuelve el puntapié inicial de un romance que ninguno de los dos buscó. Se cruzan otra vez en el tren suburbano, empiezan a hablar, la costumbre se vuelve complicidad y la complicidad se vuelve conflicto: los dos están casados, los dos tienen hijos, y la atracción los obliga a revisar todo lo que dieron por sentado. No hay escenas estalladas ni declaraciones épicas. Hay librerías, vagones, cafeterías y la incomodidad enorme de sentir algo fuera de hora.

Por qué la película no funcionó en su momento

Estrenada el 22 de noviembre de 1984, la película se topó con un público que esperaba otra cosa de sus protagonistas. De Niro venía de hacer de Travis Bickle en Taxi Driver y de Jake LaMotta en Toro salvaje. Streep venía de ganar el Oscar por Kramer contra Kramer y de conmover con La decisión de Sophie. Meterlos en una comedia dramática de enredos sentimentales, sin estallidos ni escenas icónicas, fue una apuesta despareja. La crítica no la ayudó: Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y cuestionó de manera directa el guion, aunque reconoció que los protagonistas tenían sus momentos. Recaudó poco más de once millones de dólares en Estados Unidos y Canadá según Box Office Mojo, una cifra módesta para dos estrellas de ese porte. Algunos reseñistas de la época la emparentaron con Breve encuentro, el clásico inglés de 1945, lo cual no es menor pero tampoco garantiza sobrevida comercial.

  • Recepción tibia de la crítica especializada: Roger Ebert la destrozó con argumentos sobre el guion.
  • Taquilla magra: 11.129.057 dólares en EE. UU. y Canadá, con un debut de 2,3 millones.
  • Elenco sólido alrededor de la pareja central: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon.
  • La comparación con Breve encuentro como elogio y como peso: una vara imposible para una comedia dramática de los ochenta.

Visto hoy, el film tiene algo que en su momento el público no estaba dispuesto a concederle: tiempo. Las escenas en el tren, las pausas largas, los silencios entre frases, que en 1984 parecían lentas, hoy se leen como una postal bastante precisa de la manera en que efectivamente se enamoran los adultos: con miedo, con culpa, con la cabeza puesta en los hijos y en la cuenta bancaria. De Niro compone a un tipo común al que le cuesta decir lo que siente. Streep sostiene el costado más cerebral, el de una mujer que organiza su vida hasta que la vida se le desordena. Funcionan, y funcionan justamente porque renuncian a sus registros más histriónicos. Es el anti-De Niro y la anti-Streep de los trailers, y por eso el público masivo los extrañó.

Lo que vuelve a habilitar esta reposición

La película vuelve a estar disponible en distintas plataformas para quienes no la vieron en su momento, y la conversación que se abre alrededor de ese regreso dice más del presente que del film. En un catálogo plagado de comedias románticas serializadas, algoritmos de matcheo y finales de tidy-up garantizados, un romance que no se decide a resolverse rápido se vuelve casi insólito. Frank y Molly discuten, dudan, se ven, se dejan de ver, vuelven. No hay tercera temporada ni spin-off. Hay dos personas tratándose de decir lo que sienten en un vagón de tren, y eso, en 2026, cuesta mucho encontrarlo. Quien la vea hoy, sin la expectativa del De Niro o la Streep que conoce, va a encontrar una película honesta sobre lo difícil que es querer bien cuando uno ya hizo promesas en otro lugar.

“No estamos frente a un clásico instantáneo, pero sí a una rareza que sobrevive porque no se parece a nada que Hollywood haya vuelto a producir con estos actores.”Fernando Yapura
FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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