Cuando el maní deja de ser un snack y se vuelve una urgencia: las señales que no hay que dejar pasar
Una reacción anterior leve no asegura que la próxima lo sea. La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, détaille cuándo hay que correr al teléfono y por qué la preparación en casa puede salvar una vida.
"Me dijo que la primera vez casi no le hizo nada, así que no me preocupé". La frase la repetí varias veces esta semana mientras entrevistaba a madres y padres del barrio de Caballito, inquietos después de un caso de alergia al maní que terminó en la guardia del Hospital Naval.
La confusión es lógica y peligrosa al mismo tiempo. La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, lo explicó sin rodeos: no existe forma confiable de predecir la gravedad de una reacción futura a partir de lo que ocurrió en una exposición anterior. Una persona que solo tuvo manifestaciones leves puede presentar, en el contacto siguiente, una respuesta mucho más intensa.
Qué mirar cuando hay que mirar
Bjelac insistió en que la anafilaxia puede aparecer de golpe o empezar con molestias que parecen moderadas y se agravan minutos después. Esperar a ver si los síntomas graves "se pasan solos" es, según la especialista, el error más caro.
- Dificultad para respirar o sensación de garganta cerrada.
- Hinchazón marcada, sobre todo en cara, labios o lengua.
- Mareos, palidez o desmayo.
- Síntomas que aparecen en dos o más zonas del cuerpo al mismo tiempo, aunque cada uno por separado no parezca extremo.
- Vómitos repetidos o diarrea intensa asociados a otros signos.
Ante cualquiera de esos cuadros, Bjelac fue directa: primero se aplica la epinefrina recetada por el médico tratante y, en paralelo, se llama al servicio de emergencias. No se espera. No se prueba con un antihistamínico. No se mira el reloj.
Bebés y chicos chicos: la dificultad extra
En bebés y niños pequeños, los síntomas pueden ser los mismos que en chicos más grandes, pero también aparecen formas de presentación algo distintas, más difíciles de leer. Eso vuelve imprescindible que cuidadores, abuelos, maestras y personal del jardín conozcan de antemano qué observar y cómo actuar.
“Tener un plan de acción claro, con la medicación a mano y sabiendo cuándo usarla, reduce la duda en el momento en que menos tiempo hay para dudar.”Jaclyn Bjelac, alergista de Cleveland Clinic
En lo cotidiano, la prevención sigue pesando: revisar etiquetas, preguntar cómo se elaboran los productos en panaderías del barrio y tener presente que el maní aparece donde uno menos lo espera. La línea de colectivo 36 que cruza Caballito, Flores y Parque Chacabuco pasa frente a varias confiterías donde se sirven masitas con frutos secos; leer el cartel antes de comprar es un minuto que puede ahorrar una ambulancia.
Mi pedido concreto a quien lea esta nota y conviva con un chico alérgico: arme hoy, con letra clara y en la heladera, el plan de acción que indique la alergista de su hijo. Y déjelo, también, en el bolso del jardín y en la mochila de la abuela.
