Cuando la cabeza no da más, una pausa de diez minutos puede cambiar la tarde
Caminar, estirar las piernas, cerrar los ojos o mirar alrededor son algunos recursos simples para cortar el agotamiento mental. Especialistas consultados coinciden en que ayudan a recuperar el foco, pero no reemplazan un tratamiento cuando el malestar se vuelve crónico.
“Estoy Fundido, no doy más”, me dijo Luis mientras esperaba el 29 en la parada de Lacroze y Corrientes. Habíamos coincidido mil veces en el mismo semáforo, pero nunca tanto como ese mediodía en que ni las tostadoras del bar de la esquina lo distrajeron de su cara de sueño.
Lo que le pasa a Luis le pasa a miles de vecinos de Buenos Aires: jornadas largas, pantalla encendida, cabeza que gira y cuerpo que no acompaña. Cuando la atención se cae, una pausa corta puede volver a poner la mesa en orden.
Técnicas que no piden más que unos minutos
Para quienes quedan atrapados en pensamientos repetitivos, la técnica 5-4-3-2-1 propone un ejercicio concreto: nombrar cinco cosas que se ven, cuatro que se tocan, tres que se escuchan, dos aromas y un sabor. Antes de empezar, una respiración pausada ayuda a entrar en clima. La psicóloga clínica Sari Chait explicó que esta forma de anclar la atención en lo que rodea permite tomar distancia de las preocupaciones, aunque no las borra de raíz.
- Caminar quince minutos por un parque en la pausa del almuerzo, según una investigación con trabajadores que repitieron la salida durante diez días y reportaron menos fatiga por la tarde.
- Estirar las piernas, hacer movimientos de movilidad o bailar una canción dentro de casa o en la oficina para cortar el estatismo.
- Llamar o cruzar un mensaje con alguien de confianza para sumar conversación y soltar por un rato la carga de las obligaciones.
- Cerrar los ojos entre diez y quince minutos, como sugirió la neurocientífica Heidi Hanna, para favorecer la recuperación mental sin reemplazar el sueño nocturno.
Si hay un rato más largo, salir a la calle también sirve. La investigadora que siguió a los voluntarios durante diez jornadas laborales comprobó que quienes paseaban por un parque al mediodía llegaron a la tarde con menos cansancio y mejor foco. Quienes, en cambio, hicieron ejercicios de relajación también mostraron mejoras frente a sus pausas habituales. Eso sí: ningún resultado es automático ni igual para todos.
Cuándo la pausa ya no alcanza
“Estas prácticas sirven para distender un día difícil, pero no curan un malestar que se sostiene en el tiempo.”Tyana Tavakol, terapeuta
Desde mi lugar, creo que la mejor rutina es la que se puede sostener. Cinco minutos en el balcón mirando los jacarandáes de la cuadra, una caminata hasta el kiosco de la esquina o una canción bailada con la puerta del departamento cerrada pueden ser suficientes para volver a empezar.
Si el estrés no afloja, altera el sueño, complica el trabajo o tensiona los vínculos, conviene pedir turno con un profesional. Mi pedido de hoy es simple: hoy, en algún momento de la jornada, apaguen la pantalla diez minutos y miren por la ventana. La cabeza y los vecinos de la cuadra se lo van a agradecer.
