Cuando la cabeza te juega una mala pasada: claves para saber si hay que ir al médico
Ver cosas que nadie ve, sentir que el cuerpo cambió de tamaño o estar convencido de algo que todos desmienten son experiencias que merecen una consulta profesional. No es exageración: es cuidarse.
"A veces miro la pared del living y me parece que se aleja, como si el cuarto se estirara". La frase la escuché esta semana en la verdulería de Boyacá y Larrea, en el barrio de Villa Crespo, mientras la línea 15 frenaba en la esquina. Y me quedó dando vueltas.
Porque esa sensación, y muchas parecidas, son más comunes de lo que se cree. Y la respuesta siempre es la misma: no hace falta tener un diagnóstico en la cabeza para pedir una evaluación médica. Basta con notar el cambio.
Tres fenómenos que conviene no confundir
Antes de asustarse, vale la pena entender qué le pasa a uno. No es lo mismo una distorsión, que modifica algo que existe (sentir que la habitación cambió de tamaño), que una alucinación, donde se percibe algo sin estímulo externo, o un delirio, una creencia firme que se sostiene aunque haya pruebas en contra.
Ver figuritas que los demás no ven no significa, por sí solo, estar enfermo. Existe el síndrome de Charles Bonnet, que afecta a personas con pérdida importante de visión: ven imágenes complejas y hasta reconocen que no son reales. En esos casos, la evaluación contempla exámenes neurológicos y cognitivos, y, si la presentación es atípica, estudios de neuroimagen para descartar otras causas.
- Alteraciones del tamaño del cuerpo o del entorno: el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas puede modificar la percepción visual, corporal y temporal. Una revisión de 169 casos encontró que la migraña era la causa más frecuente en adultos y las encefalitis predominaban en menores de 18 años.
- Creencias firmes sobre uno mismo o el entorno: sentir que uno no existe, que se convirtió en un animal o que un ser querido fue reemplazado por un impostor requiere atención profesional. No son conductas voluntarias.
- Celos delirantes: no se equiparan con las discusiones de pareja habituales. Cuando la convicción es fija y genera sufrimiento, es motivo de consulta.
- Sensación de tener organismos sobre la piel o debajo: primero hay que descartar una infestación real y otras causas médicas, como déficits vitamínicos, problemas de tiroides, infecciones o consumo de sustancias. Recién después se considera un diagnóstico psiquiátrico primario.
Lo que más me importa decir, como vecina y como cronista, es esto: no hay que esperar a tener un nombre para lo que se siente. Si algo cambió de golpe en la cabeza, en la vista o en las creencias, hay que ir al médico. Pedir turno no es debilidad: es la manera más concreta que tenemos de cuidarnos.
