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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El cuarto que dejó de ser refugio: así lo reescribió la cámara del celular

Adolescentes que ordenan la cama como si la filmaran, paredes neutras y luces de led: especialistas explican cómo la audiencia digital ocupa el lugar que antes tenía la intimidad.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 36 d
El cuarto que dejó de ser refugio: así lo reescribió la cámara del celular

“Entro al cuarto de mi hija y parece una foto de revista, todo prolijo, sin nada fuera de lugar. Antes era un descalabro, ahora da hasta cosa sentarse”, me dijo Beatriz, vecina de Once, mientras esperaba el 9 en la parada de Avenida Pueyrredón.

Lo que antes fue un territorio caótico, con pósteres pegados con cinta, ropa sobre la silla y un diario íntimo escondido bajo el colchón, hoy luce como un set: paredes de tonos neutros, camas impecables y tiras de luces que hacen de reflectores improvisados.

La intimidad se mudó de la puerta adentro

El sociólogo Erving Goffman describió hace décadas la diferencia entre el “frente de escena”, donde sostenemos una imagen ante los demás, y el espacio privado donde se puede descansar del personaje, ensayar y equivocarse sin público. La habitación del adolescente cumplía históricamente esa segunda función: la puerta cerrada era un pacto tácito de suspensión del juicio ajeno.

Ese pacto se rompió. La escritora Sithara Ranasinghe lo describe como una habitación con paredes de cristal, donde el límite entre escenario e intimidad se disuelve bajo la mirada de una audiencia desconocida. El cuarto deja de ser laboratorio de exploración para volverse decorado.

Lo que cambió en las habitaciones

  • Paredes despejadas y pintadas en tonos neutros, sin pósteres ni collages personales.
  • Camas perfectamente tendidas, con almohadas ordenadas y cobertores lisos.
  • Tiras de luces led o guirnaldas que funcionan como iluminación para cámaras.
  • Escritorios limpios, sin papeles ni notas a la vista, listos para aparecer en un plano.
  • Pocos objetos personales a la vista: la acumulación se esconde en cajones o en el celular.

Lo más fuerte es que la cámara no necesita estar encendida para que el efecto actúe. Basta con saber que cualquier rincón puede ser filmado y comentado para que se modifique el comportamiento: cae la espontaneidad, se desalienta el desorden y todo se estandariza. Ya no es la mirada de los padres la que ordena el espacio, sino la de una audiencia invisible que igual termina ordenando la cabeza.

La adolescencia siempre fue un umbral incierto, un tiempo de transición donde el error forma parte del aprendizaje. La pregunta que dejan estos cuartos despojados es hasta dónde sigue existiendo ese margen de imperfección cuando el espacio íntimo se convirtió en un set permanente.

Si te toca ver estos cuartos en tu casa, en lo de un sobrino o en lo de un amigo del barrio, contame cómo los viven. Me interesa saber si en tu familia todavía queda algún placard con la puerta cerrada de verdad, o si el celular ya se llevó esa llave. Escribime a Sociedad y vida cotidiana y dejá tu comentario.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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