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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El fantasma inglés de Lorre: cómo Hugh Grant dijo no al sillón de Charlie Sheen y cambió la historia de Dos hombres y medio

Chuck Lorre reveló en sus memorias que el británico estuvo a punto de firmar por 750 mil dólares por capítulo. Le ofreció hasta eliminar el público en vivo para disipar sus miedos. Ashton Kutcher terminó ocupando el lugar durante las últimas cuatro temporadas. Una bomba tardía que reabre el debate sobre qué habría pasado con la sitcom.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · · hace 1 d
El fantasma inglés de Lorre: cómo Hugh Grant dijo no al sillón de Charlie Sheen y cambió la historia de Dos hombres y medio

Le ofrecieron medio millón de dólares por episodio, después seiscientos mil, y para no perderlo terminaron subiéndole a 750 mil dólares por capítulo. Cuatro días a la semana, concentración y descanso, todo arregladito para que el inglés no pasara tanto frío en el set. Y Hugh Grant, el mismísimo Hugh Grant, después de pedir que le sacaran el público en vivo porque le temblaba el pulso, agarró el contrato, lo miró, lo dejó sobre la mesa y se fue sin firmar. Lo cuenta Chuck Lorre, el creador de Dos hombres y medio, en un adelanto de sus memorias Sitcom, y la verdad es que la frase inicial del capítulo podría haber firmado el propio Grant: «Mejor no, que me da cuco».

La búsqueda del reemplazante imposible

Hay que remontarse al 2011 para entender el tamaño del agujero. Charlie Sheen llevaba ocho temporadas siendo el motor de una de las comedias más vistas de la televisión estadounidense, hasta que un despido que sacudió a la CBS entera lo dejó afuera. Lorre y su socio Lee Aronsohn necesitaban un nombre que sostuviera la máquina expendedora de rating que habían construido, y la primera opción que se les cruzó por la cabeza fue, atención, un británico de cepa con cara de eterno azorado.

Cuenta Lorre que se sentaron con Grant, escribieron un par de escenas para mostrarle el personaje y le plantearon la oferta: 750.000 dólares por episodio, una semana laboral de cuatro días y, como concesión especial, la posibilidad de grabar sin público en el plató y recurrir a las risas enlatadas que tanto había aborrecido el cine de la etapa dorada. Un mimo considerable para alguien que venía de films románticos con Mujercitas y Cuatro bodas y un funeral, y que según el propio Lorre estaba «genuinamente asustado» por la idea de actuar frente a una platea con público.

Y acá viene el dato que importa, el que justifica quince años de silencio: Grant tuvo el contrato en la mano. Literal. Firma, lapicera, todo. Y en el último momento agarró la lapicera, la guardó, se levantó y se fue sin dar demasiadas explicaciones. Su entorno, claro, mandó después un comunicado breve confirmando que el actor había decidido no sumarse al proyecto. Una de esas decisiones que definen carreras sin que nadie entienda bien por qué.

El plan B que terminó siendo el plan definitivo

Sin Grant a la vista, Lorre tuvo que salir a buscar reemplazante en tiempo récord. El elegido fue Ashton Kutcher, que se incorporó en la novena temporada, estrenada en septiembre de 2011, y se quedó en la serie hasta el final absoluto, en febrero de 2015. Cuatro temporadas más de Dos hombres y medio, con Kutcher componiendo a un Walden Schmidt que nunca terminó de enamorar al público fanático de la etapa Sheen pero que alcanzó para mantener a flote la facturación publicitaria de la CBS.

Lo que Lorre cuenta en el libro es, en esencia, un ejercicio de qué hubiera pasado: una sitcom que durante cuatro temporadas giró alrededor de un actor que no era la primera opción, mientras el elegido original se paseaba por Londres con cara de nada. Porque la oferta estaba, el número estaba, el contrato estaba, y el no lo dijo un inglés con pánico al público en vivo.

  • Lorre y Aronsohn escribieron escenas de prueba para mostrarle a Grant el personaje que tenían en mente.
  • La oferta económica se cerró en 750.000 dólares por episodio con una jornada laboral de cuatro días.
  • Grant abandonó la negociación cuando tenía el contrato listo para firmar y dejó de responder llamadas.
  • La serie siguió con Ashton Kutcher desde la temporada novena, en septiembre de 2011, hasta su final en febrero de 2015.
  • La anécdota forma parte del libro de memorias de Lorre, titulado Sitcom, que está próximo a publicarse.

Para los lectores que se preguntan qué habría cambiado con Grant al frente: probablemente muy poco en el corto plazo y quizá algo más en el largo. Un actor con la solera del británico podía haber sostenido el rating inicial con un perfil más cercano al de un sitcom actor clásico, en lugar del perfil nerd/disruptivo que le imprimió Kutcher. Pero, ojo, también podía haber sido un fracaso sonado: Grant venía de Hollywood, no de la televisión multiprograma, y aclimatarse al ritmo semanal de la CBS no es moco de pavo. En cualquier caso, la cifra de 750 mil dólares por episodio sigue siendo, quince años después, la mejor publicidad para el actor que dijo que no.

Y acá viene la recomendación de siempre, lector: mientras esperamos la edición completa de las memorias de Lorre y fantaseamos con la serie que no fue, me permito sugerirle que se dé una vuelta por la reposición de las primeras ocho temporadas de Dos hombres y medio, las que nadie cuenta, las que importan. Ahí están Charlie y Alan, un sol de, y uno entiende por qué Lorre buscó afuera a alguien con la misma electricidad. Si le tiembla el pulso con el streaming, no se preocupe: en esta columna no cobramos 750 mil dólares por capítulo, pero tampoco le vamos a exigir presencia de público en el living.

Dicho esto, y ya cerrando, no puedo evitar la reflexión estacional: cada vez que alguien me cuenta una historia de estas, tan grande, tan cerca del papel firmado y tan rápidamente deshecha, me acuerdo del Septiembre Musical. Sí, el Septiembre Musical, esa criatura tucumana que todos los años promete conciertos para todos los gustos y termina siendo un festival de anécdotas canceladas, de contratos que se firman y no se cumplen, de artistas ingleses que vienen, prometen y se van. Lorre, si estás leyendo esto desde Los Ángeles: tomate un tilo, reservá entradas, y por favor, esta vez, que sea Grant de una vez.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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