Esteban Fontana, el abogado sordo de Neuquén que la Legislatura reconoció como un caso único en la Patagonia
Nació con hipoacusia profunda, soportó bullying desde los cinco años y se recibió de abogado con nota sobresaliente. La Legislatura neuquina declaró su logro de interés legislativo.
"En el futuro te esperan cosas muy lindas". Así arranca esta historia, con la frase que una hermana le dijo a los ocho años a un nene que no escuchaba y al que el mundo le estaba dando la espalda. Lo que siguió fue una vida entera peleando contra la sordera y, de paso, contra la indiferencia ajena.
Soy Cecilia Abregú, escribo desde Sociedad y vida cotidiana, y lo que tengo para contar hoy es una de esas historias que a uno le reconcilian con la idea de que el esfuerzo, cuando es genuino, termina abriéndole la puerta a alguien. El protagonista se llama Esteban Fontana, tiene 41 años, vive en Neuquén y acaba de ingresar a un club muy chico: el de los abogados con hipoacusia profunda de toda la Patagonia.
Una infancia con burlas y un diagnóstico que cambió a la familia
Esteban nació con sordera profunda y el diagnóstico llegó cuando era un bebé. En su casa no había antecedentes de discapacidad auditiva, así que para sus padres fue empezar de cero. La búsqueda de acompañamiento empezó ahí y se prolongó durante toda la infancia. Un fonoaudiólogo lo siguió durante casi veinte años y, a fuerza de paciencia, le enseñó a leer, a modular y a hablar. La lectura labial, esa herramienta que después iba a ser clave en cada aula, la fue sumando en ese mismo proceso.
Lo que nadie le pudo enseñar fue a esquivar los golpes del barrio. Desde los cinco años cargó con burlas, empujones, piñas y la soledad del que queda afuera de todo. Creció en el barrio Copol, tomó la secundaria en dos escuelas distintas y en cada cambio tuvo que aprender a reinventarse para hacerse entender en lugares que no estaban preparados para un chico como él.
“Gracias a ese esfuerzo, aprendí a leer, a modular, a hablar, a construir palabra por palabra un puente hacia el mundo.”Esteban Fontana
La universidad, la tesis y un pedido a los profesores
- Carrera elegida: Abogacía en la Universidad Siglo 21, con una cursada de seis años.
- Estrategia de estudio: lectura labial, estudio autodidacta y apoyo constante de compañeros.
- Detalle clave: para la defensa de su tesis sobre maternidad en el servicio penitenciario les pidió a los docentes que hablaran despacio.
- Calificación final: sobresaliente, pese a las barreras de accesibilidad que tuvo que resolver por su cuenta.
El camino hasta el título fue tan empinado como la infancia. En las aulas de la facultad pasaba lo mismo que en la escuela: los profes hablaban a un ritmo que él no podía seguir y la currícula no tenía contemplaciones para un estudiante con hipoacusia. En lugar de bajar los brazos, Esteban se apoyó en el estudio solitario y en los compañeros que le pasaban los apuntes y le traducían lo que no llegaba a captar. Cuando llegó el momento de defender la tesis, en lugar de fingir que la dificultad no existía, fue directo y pidió que le hablaran lento. Le fue bien. Le fue excelente, con una nota que ya quisiera más de uno.
El reconocimiento de la Legislatura y lo que todavía falta
La Legislatura de Neuquén declaró su logro de interés legislativo y lo presentó como el primer abogado con hipoacusia en recibirse en toda la región patagónica. En los fundamentos del reconocimiento, los legisladores fueron al hueso: aclararon que el mérito académico de una persona con discapacidad no debería depender de su propia capacidad de compensar, a fuerza de voluntad, las barreras que pone la institución. El planteo abrió un debate incómodo pero necesario sobre la accesibilidad en las aulas universitarias y el lugar que ocupa la persona sorda cuando se recibe de profesional.
Cierro esta nota con el mismo pedido que le hice al pasar a varios lectores mientras la escribía: que la próxima vez que un estudiante sordo se siente en un aula de Neuquén, no tenga que pedirles a los profesores que hablen despacio, ni mendigar apuntes, ni armarse solo el puente palabra por palabra. Que la accesibilidad llegue antes que el título. Y que Esteban, allá en el barrio Copol, con la línea 501 todavía de fondo, sepa que su caso no fue una excepción heroica, sino la prueba de que el sistema, de una vez por todas, tiene que ponerse a la altura de las personas.
