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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Garbanzos con calamares: veinte minutos contra el mito del guiso de mariscos largo y trabajoso

Legumbres en conserva y anillos de calamar alcanzan para un guiso completo, con fondo de sofrito y caldo de pescado, que mejora de un día para otro y se banca el tupper de oficina.

Por Lorena RasjidoTurismo y ambiente · · hace 36 d
Garbanzos con calamares: veinte minutos contra el mito del guiso de mariscos largo y trabajoso

La pareja legumbres más mariscos arrastra fama de receta larga y exigente, asociada a ollas que burbujean durante horas y a técnicas reservadas a cocineros con experiencia. La versión que se cocina con un bote de garbanzos ya hervidos desmiente esa reputación: el tiempo activo frente a la hornalla se reduce a veinte minutos y el resultado mantiene la profundidad de sabor que se le pide a un guiso clásico. La clave está en apoyarse en el trabajo previo que traen las legumbres en conserva y en cortar los tiempos del calamar para que no se pase de textura.

El sofrito como base y el calamar solo a la plancha del guiso

La estructura del plato es la de un sofrito bien concentrado: cebolla picada, ajo y tomate se cocinan a fuego medio hasta que el conjunto se oscurece y se pega levemente al fondo de la olla. Sobre esa cama entran los anillos o los trozos de calamar limpio, salteados el tiempo justo para que tomen color por fuera y queden tiernos por dentro. Después se suman los garbanzos escurridos y el caldo de pescado, que puede ser casero o de tetrabrik, y se deja hervir unos pocos minutos hasta integrar los jugos.

El punto final no es el de una sopa, sino el de un guiso corto de líquido, casi un salteado húmedo donde los garbanzos se impregnan del fondo de tomate y los aros de calamar aportan el contrapunto marino. Por eso la cocción del cefalópodo es breve: más tiempo significa goma, y la idea es que se sienta apenas hecho, con la marca del salteado.

Mejor al día siguiente y apto para el tupper

  • Prepararlo la noche anterior y recalentarlo al mediodía es una estrategia válida, porque las legumbres absorben el caldo y los sabores se redondean con el reposo.
  • Tolera bien el recipiente hermético en la heladera y no pierde textura al volver a calentarse, lo que lo convierte en un candidato firme para el menú de oficina.
  • El guiso se banca un transporte en bolso térmico sin desarmarse, siempre que la cocción haya quedado corta de líquido desde el inicio.

Sepia o chipirones: dos reemplazos que no alteran el plato

El calamar no es la única puerta de entrada al cefalópodo en esta preparación. La sepia, más firme y con sabor algo más intenso, soporta mejor el hervor y aporta una sensación más carnosa en boca. Los chipirones, más pequeños y tiernos, se cocinan en menos tiempo todavía y conviene retirarlos apenas toman color para que no se endurezcan. Las tres variantes llevan al mismo lugar: un guiso caldoso, breve, con identidad de costa.

En el plano nutricional, la combinación suma la proteína vegetal de la legumbre con la proteína magra del marisco y un contenido graso bajo, lo que la ubica entre las preparaciones más equilibradas del repertorio mediterráneo. Un plato de cuchara que se arma en lo que tarda el hervidor, mejora con el paso de las horas y resuelve el almuerzo sin complicarse.

LR
Lorena RasjidoTurismo y ambiente

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