La cuenta regresiva para zarpar desde Ushuaia hacia la Antártida: clima, logística y paciencia como equipaje
Las expediciones antárticas que parten desde el fin del mundo exigen anticipación, flexibilidad y una buena dosis de realismo frente a un Pasaje de Drake que nunca se repite igual. Un repaso por los aspectos prácticos que un viajero de 40 a 60 años debería considerar antes de embarcarse.
La preparación de una expedición a la Antártida comienza mucho antes de que el pasajero pise la cubierta del buque. Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, es tajante al respecto: quien aspire a cruzar el Pasaje de Drake debería llegar a Ushuaia con uno o dos días de antelación respecto a la fecha de embarque. Una demora en el vuelo, una conexión perdida o un imprevisto de último momento pueden dejar al viajero varado en el extremo sur del continente americano, mirando el Canal Beagle desde el aeropuerto mientras el barco ya se aleja. Esa ventana de margen no es un capricho comercial, sino una salvaguarda elemental en una operación donde el cronograma lo decide, en gran parte, la naturaleza.
El ejecutivo también subraya la conveniencia de contratar un seguro de viaje adecuado y de informarse, con la debida anticipación, acerca de qué elementos aporta cada operador. No todos los barcos incluyen las mismas botas de agua, prendas exteriores o equipos técnicos, y descubrir esa diferencia una vez a bordo puede traducirse en gastos imprevistos o en incomodidades evitables en latitudes donde la improvisación se paga cara.
Movilidad, abrigo y elección de camarote
Contrariamente a lo que sugiere el imaginario polar, no se necesita experiencia como explorador o montañista para embarcarse. Gounaris aclara que el requisito físico se reduce a contar con movilidad suficiente para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y para desplazarse con cierto soltura sobre superficies irregulares, como costas rocosas, acantilados bajos o tramos nevados. Para la vestimenta, la recomendación clásica pero efectiva consiste en vestir por capas, de modo que el pasajero pueda ajustar el abrigo a los cambios de temperatura, que pueden ser bruscos entre el exterior helado, el interior calefaccionado del buque y la humedad de los desembarcos.
La elección del camarote, a menudo subestimada, también puede condicionar la experiencia. De acuerdo con el directivo, el movimiento del barco se siente menos en los sectores bajos y cercanos al centro de la nave. Las cabinas superiores ofrecen vistas privilegiadas, pero las oscilaciones del casco se perciben con mayor intensidad, un detalle que los pasajeros susceptibles al mareo deberían tener presente al momento de reservar.
El cruce del Drake y la rutina a bordo
La navegación comienza en el Canal Beagle y se prolonga hacia el Pasaje de Drake, el tramo de mar que separa Sudamérica de la Península Antártica y cuya fama de agitado lo precede. El estado del océano varía de una travesía a otra: hay cruces relativamente amables y otros que ponen a prueba la tolerancia de los viajeros. Durante ese tramo, el equipo de expedition leaders ofrece charlas sobre los paisajes, la fauna, la historia de la exploración antártica y las pautas ambientales que regirán cada desembarco, una instancia clave para comprender qué se visitará y bajo qué reglas.
Una vez en aguas antárticas, Antarpply procura organizar hasta dos salidas diarias de alrededor de tres horas cada una, siempre que el clima, el hielo y el oleaje lo permitan. Los Zodiac son los vehículos de esa aproximación: permiten acceder a sectores costeros inaccesibles para el buque y practicar desembarcos directos sobre el continente blanco. Las actividades incluyen caminatas de dificultad variable, observación de témpanos y glaciares y avistaje de fauna, con la advertencia de que ningún encuentro está garantizado.
Clima, fauna y protocolos ineludibles
- El recorrido previsto puede modificarse sobre la marcha por viento, oleaje o presencia de hielo; las decisiones finales corresponden al capitán del buque.
- Durante el verano austral es posible observar pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los avistamientos no están asegurados.
- Está prohibido tocar o alimentar a los animales, y deben respetarse las distancias y los protocolos de bioseguridad vigentes.
- El buque Ushuaia tiene capacidad para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites, y dispone de comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias.
Quien se embarque en una expedición de estas características asumirá, en definitiva, que la planificación más meticulosa puede alterarse en cuestión de horas. ElPasaje de Drake no negocia con los itinerarios, y el hielo tiene la última palabra. Aceptar esa premisa, lejos de desalentar, suele ser el primer paso para disfrutar de uno de los viajes más singulares que pueden emprenderse desde suelo argentino.
