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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La jubilación mínima perdió más de cuatro décimas de su poder de compra desde fines de 2019

En casi siete años, el haber mínimo trepó en pesos 2.468,6%, pero la inflación acumulada superó el 4.200% y dejó a quienes perciben esa prestación con apenas un 59,3% de lo que podían comprar a fines de 2019. Los haberes máximos tampoco escaparon al deterioro y muestran caídas de hasta 36,7%.

Por Hugo BarrionuevoCampo y producción · · hace 31 d
La jubilación mínima perdió más de cuatro décimas de su poder de compra desde fines de 2019

En el tramo que va de diciembre de 2019 a agosto de 2026, la jubilación mínima argentina atravesó una transformación nominal que, mirada en los papeles, parece más que virtuosa: el ingreso pasó de 19.068 pesos a 489.776 pesos, una suba del 2.468,6% que incluye en ambas puntas el bono de refuerzo que el Estado destina a los haberes más bajos, de 5.000 pesos en el primer caso y de 70.000 pesos en el segundo. Sin embargo, esa fotografía pierde buena parte de su brillo cuando se la contrasta con la dinámica del Índice de Precios al Consumidor, que en el mismo período acumuló una suba del 4.231,3% y pulverizó, con holgura, cualquier intento de acompañamiento por parte del sistema previsional.

La brecha que explica la pérdida

Para dimensionar el fenómeno con un ejemplo cotidiano y tangible, basta con trasladar a la realidad del mostrador lo que esos números expresan en el plano estadístico: si a fines de 2019 hacían falta 100 pesos para adquirir una determinada canasta de bienes y servicios de consumo habitual, en agosto de 2026 esos mismos productos cuestan alrededor de 4.331 pesos, mientras que el dinero disponible de quien cobra la jubilación mínima se estiró hasta unos 2.569 pesos, un guarismo que apenas alcanza para comprar el 59,3% de aquella canasta original y que condensa, sin eufemismos, la pérdida de poder adquisitivo sufrida por casi tres millones de personas, es decir, alrededor de la mitad de los jubilados y pensionados que integran el sistema contributivo argentino.

El deterioro, con todo, no se concentra exclusivamente en el piso del sistema, ya que quienes perciben haberes superiores también sintieron el impacto de la dinámica inflacionaria, aunque con una intensidad algo menor; en efecto, la jubilación máxima pasó de 103.064 pesos a 2.824.694 pesos entre las dos puntas del período, lo que representa un aumento nominal del 2.640,7%, pero su poder de compra en agosto último fue 36,7% inferior al de diciembre de 2019, en tanto que un haber equivalente a tres veces el mínimo de entonces acumuló una caída de 36%, un registro que describe con crudeza la amplitud del fenómeno y descarta la idea, todavía instalada en parte de la opinión pública, de que la pérdida se restringe al segmento más vulnerable del padrón previsional.

El bono de refuerzo, otra pieza del ajuste silencioso

  • El bono de 70.000 pesos que perciben los beneficiarios de la jubilación mínima no tuvo ajuste desde marzo de 2024.
  • Desde ese mes, la inflación acumuló 129,2%, lo que redujo en 56% el poder de compra específico del refuerzo.
  • En los últimos doce meses, los haberes más bajos perdieron 4,5% de poder adquisitivo, mientras que quienes no cobran bono empataron con la inflación gracias a los reajustes por movilidad, que acumularon 33,5% entre agosto de 2025 y agosto de 2026.
  • Desde diciembre de 2023, los haberes sin bono ganaron 14,3% frente a la inflación, aunque ese margen no alcanza para revertir lo perdido en años anteriores.
  • El haber máximo llegó a acumular una caída real de 55,4% entre septiembre de 2017 y diciembre de 2023; a agosto de 2026 esa pérdida se redujo apenas, hasta el 49%.

El mecanismo de actualización vigente aplica los índices de inflación con dos meses de rezago, una arquitectura que produce un resultado conocido por los especialistas y por los propios jubilados: cuando los precios suben, los haberes pierden poder de compra de forma casi automática, y cuando los precios bajan, la recuperación llega tarde y solo de manera parcial, de modo que el sistema opera con un desfasaje estructural que, en contextos de inflación elevada como el que atravesó la Argentina entre 2019 y 2026, termina licuando cualquier intento de recomposición nominal. En ese marco, la comparación entre el 2.468,6% de suba del haber mínimo y el 4.231,3% de inflación acumulada no es solo un dato de la realidad macroeconómica: es la traducción, en cifras, del cotidiano de millones de hogares que cada mes deben decidir qué compra de la canasta habitual resignar para llegar hasta fin de mes.

HB
Hugo BarrionuevoCampo y producción

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