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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La película que te dejaron en el placard: Gus Van Sant vuelve al streaming con un thriller casi clandestino

Bill Skarsgård encarna a Tony Kiritsis, un hombre que tomó como rehén al hijo de un banquero y pidió hablar por televisión. Un caso real, una rareza de autor y una pregunta que incomoda: ¿el cine de género con conciencia propia se salva en las plataformas?

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · · hace 1 d
La película que te dejaron en el placard: Gus Van Sant vuelve al streaming con un thriller casi clandestino

Acá va una frase que el funcionario de turno diría en la inauguración de cualquier festival: «La cultura es soberanía». Bonita, rimbombante y, como casi siempre, vacía de presupuesto. Mientras tanto, del otro lado del mostrador, una película como Dead Man's Wire, conocida en algunos mercados como Prime Crime: A True Story, pasó por las salas norteamericanas como quien pasa por la aduana con la valija abierta: levantó unos 3,8 millones de dólares con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones, y ya nadie se acuerda dónde la proyectaron. Ahora recaló en Movistar Plus, que es la versión moderna del video club del barrio: lo que el centro no quiso, lo guarda la periferia.

Un caso real contado por Gus Van Sant

La historia es real y bastante insólita. Tony Kiritsis se presentó en la sede de un banco donde había pedido un préstamo para comprar un terreno. Cuando se lo negaron, sospechó que la entidad buscaba quedarse con la propiedad para especular con ella. La respuesta fue tan extrema como cinematográfica: tomó como rehén al hijo del dueño del banco usando un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal, y formuló dos exigencias, una indemnización económica y, sobre todo, la posibilidad de hablar en televisión nacional. Es decir, el hombre quería su minuto de fama, pero con un cable atado al cuello de otro.

Gus Van Sant, cineasta ligado al cine independiente norteamericano y a títulos como Todo por un sueño, retoma acá una de sus obsesiones recurrentes, personajes que chocan contra las reglas del sistema y buscan salidas desesperadas fuera de los márgenes establecidos. Lo interesante es que no lo presenta como un héroe ni como un villano de manual, sino como un tipo común al que el engranaje financiero empujó hasta un lugar del que no hay retorno limpio.

Skarsgård, el clima setentoso y Gil Scott-Heron al final

Bill Skarsgård, actor sueco con una trayectoria que va del terror al drama, lleva el peso de la trama en el rol protagónico. La película construye una atmósfera de tensión sostenida, con referencias formales al cine de género norteamericano de los años setenta, ese tipo de thriller urbano donde se cruzan la presión policial y la cobertura mediática en tiempo real. Piensen en las películas de Sidney Lumet, en la paranoia de los noticieros de la medianoche, en Nueva York como un decorado que también es un personaje. La película respira en esa zona.

El cierre incorpora música de Gil Scott-Heron, un guiño que carga de sentido político el desenlace sin abandonar el registro del thriller. No resuelve todas sus contradicciones, y eso, lejos de ser un defecto, es parte de su honestidad. Propone una lectura incómoda sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan, y deja al espectador con una pregunta que no es decorativa: ¿de qué sirve gritar si nadie quiere escuchar?

  • La película reconstruye el caso real de Tony Kiritsis, un deudor que tomó como rehén al hijo de un banquero en Indianápolis.
  • Dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Bill Skarsgård, combina thriller y drama político.
  • Recaudó unos 3,8 millones de dólares en su paso por salas, con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones.
  • Ya está disponible en Movistar Plus como parte de su catálogo de streaming.
  • El cierre musical con Gil Scott-Heron le da al desenlace un espesor ideológico poco habitual en el género.

Mi recomendación, ya que estamos: si te copa la idea de un thriller con cabeza, andá a buscar esta rareza en Movistar antes de que la rotación la mande al sótano. Y si lo que querés es seguir pensando el caso por tu cuenta, aparte del streaming, en Buenos Aires siempre sobreviven ciclos de cine independiente en centros culturales de barrio, esos que casi nadie promociona y que, paradójicamente, terminan siendo los únicos que pasan estas películas sin pedirles coeficiente de popularidad. El Septiembre Musical, mientras tanto, sigue haciendo honor a su nombre: cierra en septiembre y te cobra entrada en enero. Como la hipoteca del protagonista, vaya coincidencia.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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