La serie de Koreeda que Netflix escondió bajo la alfombra y nadie se molestó en buscar
Hirokazu Koreeda estiró su mirada de familia en siete capítulos que la plataforma estreno sin hacer ruido y que quedaron tapados por cualquier cosa nueva de la semana. Acá va un rescate para los que todavía creen que el catálogo tiene cosas interesantes.
Lo dijo Netflix, o mejor dicho lo dejo dicho con su silencio: estreno mundial sin una lona, sin un trailer empujado desde la home, sin un tweet con bombilla y confeti. Asura, la primera incursion de Hirokazu Koreeda en el formato serial, aparecio en el catalogo como quien entra a una fiesta por la puerta de servicio y se queda en la punta de la mesa ratona. Y asi, entre el ruido de cualquier superproduccion coreana de la semana, se fue sin que casi nadie le tomara el gustito.
De que va, para el que se sumo tarde
Tokio, invierno de 1979. Cuatro hermanas se reencuentran despues de mucho tiempo: Tsunako da clases de ikebana, Makiko es ama de casa, Takiko trabaja en una biblioteca y Sakiko atende mesas en un bar. La excusa del reencuentro es una sola y la trae Takiko: sospecha que su padre anciano, Kotaro, tiene una amante y un hijo secreto. Las otras dudan, pero acuerdan callarse frente a la madre, Fuji. A partir de ahi lo que parecia un almuerzo familiar se va convirtiendo en una radiografia de todo lo que cada una venia callando.
Los siete capitulos le permiten a Koreeda hacer lo que en sus peliculas suele quedar apretado: darle tiempo a cada hermana, mostrarle su vida cotidiana y dejar que el secreto del padre opere como detonante. No es una bomba que vuela la casa en cinco minutos, sino la piedrita que se mete en el engranaje y lo va desarmando de a poco. La estructura familiar se reconfigura a la vista del espectador, sin golpes bajos y sin catarsis forzadas.
El director alterna el peso del drama con instantes de humor leve, el mismo registro que uso en Shoplifters o en Our Little Sister. Esa mezcla impide que todo caiga en el melodrama y mantiene cerca a los personajes, que estan interpretados con una contencion que es casi una marca registrada del cineasta japones.
Por que merece una oportunidad
- Porque es Koreeda estirando su mirada habitual a un formato que le da aire, en lugar de ahogarlo.
- Porque cada hermana tiene su propio arco y ninguna queda reducida al decorado de la otra.
- Porque el humor cotidiano impide el bajon lacrimogeno que uno espera cuando aparece un secreto familiar.
- Porque esta en Netflix y mirarla no cuesta nada, salvo despegarse del algoritmo y rascar abajo de lo recomendado.
Asura no competira con ningun blockbuster de la plataforma ni ganara un domingo de tarde en la sobremesa, y probablemente ese sea parte del problema. La misma plataforma que la estreno sin pena ni gloria la volvera a esconder si nadie la busca dos veces. Asi que el dato de color es este: todavia esta en el catalogo, todavia se puede mirar, todavia hay tiempo de sumarla al chat con alguien antes de que pase a formar parte del cementerio de series que Netflix ni siquiera reconoce. Recomendada al margen, mientras tanto, cualquier joyita del Septiembre Musical tucumano: un festival que lleva casi un siglo discutiendo con su propia programacion oficial y aun asi sigue convocando publico, que ya es mas de lo que hizo Netflix por Koreeda.
Ya la viste, o te enteraste recien de que existia. Sea como sea, la conversacion queda abierta.
