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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Levinton volvió a la silla caliente, la denuncia sigue en la cómoda de los abogados

El cantante de Turf se reintegró a las grabaciones de Es mi sueño tras una ausencia que, según el propio ciclo, ya estaba en la agenda. La pregunta que sobrevuela el regreso es otra: mientras el show sigue, la causa por abuso sexual denunciada en su contra se mueve lejos de los focos.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · · hace 10 d
Levinton volvió a la silla caliente, la denuncia sigue en la cómoda de los abogados

"Me encanta volver a trabajar. Me encanta hacer lo que hago", soltó Joaquín Levinton antes de cruzar la puerta del estudio donde Guido Kaczka lo esperaba con un café, un micrófono y la misma silla de jurado que alguna vez quedó vacía. La frase, dicha con la sonrisa de quien sabe que las cámaras están encendidas, funciona como una declaración de principios: el líder de Turf está de vuelta en Es mi sueño, y no vino a hacer terapia en televisión.

La reincorporación se dio después de varias jornadas sin grabaciones por compromisos laborales que la producción dice tener previstos desde antes de que el nombre del músico apareciera en una denuncia penal por abuso sexual. La vuelta, entonces, no fue leída como un gesto de defensa propia ni como una licencia artística: la propia gerencia del programa la presentó como la finalización de una pausa ya calendarizada. En criollo: se fue porque tenía que irse y volvió porque le tocaba volver, con denuncia mediante o sin ella.

Lo que dijo, lo que no dijo y lo que dejó para los abogados

Levinton llegó al canal, saludó a la prensa que se acercó a esperarlo y distribuyó su tiempo con la precisión de un puntero de derecha. Habló del programa, habló del público, habló del afecto que recibe en la calle. Y cuando le preguntaron por la denuncia, eligió el camino corto: lo derivado a sus letrados y le puso un moño filosófico al asunto. "Considero que la acusación es muy seria y eso merece seriedad", dijo, como si la seriedad fuera un sinónimo de silencio mediático y no de respuesta concreta.

Minutos antes, en ese mismo improvisado ping pong con los cronistas, había dejado otra frase que también merece ser leída entre líneas: "Acá todos me apoyan, todos me quieren y no hay mucho más que decir". La frase no desactiva la denuncia, la empuja hacia el costado. Es el manual clásico del famoso que vuelve a la tele después del temblor: primero el trabajo, después la música, más tarde la calle, y la cuestión judicial queda flotando como un globo que nadie quiere pinchar.

“Me encanta volver a trabajar. Me encanta hacer lo que hago.”Joaquín Levinton, a su llegada al estudio de Es mi sueño

La programación del canal, esa señora que nunca se entera de nada

  • La producción de Es mi sueño sostiene que la ausencia de Levinton estaba prevista por la agenda del cantante, que la denuncia no alteró el calendario de grabaciones y que la vuelta a la silla de jurado estaba pactada para esta semana.
  • El cantante aseguró haber hablado con Guido Kaczka antes de reincorporarse y dijo sentirse respaldado por el equipo del programa, una versión que el conductor no salió a desmentir en las últimas horas.
  • Levinton enmarcó su participación en el ciclo en una continuidad de 30 años de carrera, un dato que no desmiente nada pero ayuda a correr el foco del presente hacia el currículum.
  • La denuncia por abuso sexual en su contra sigue activa en los Tribunales y el cantante eligió reservarla para sus abogados, a pesar de la insistencia periodística de obtener una respuesta pública más detallada.

Habrá que ver cómo se acomoda el ojo del público frente a un cantante que vuelve con la misma sonrisa y la misma lógica con la que se fue. El formato de los realities argentinos es así de curioso: a veces los reemplazos son por enfermedad, a veces por rating, y otras veces por causas judiciales. Mientras la grúa televisiva sigue moviéndose, lo que queda flotando es la sospecha de que la programación manda, el espectáculo continúa, y la famosa "seriedad" con la que el músico dijo que se iba a tratar el asunto termina, como tantas otras veces, en una caja fuerte custodiada por abogados y no por plateas.

Dicho esto, y sin ánimos de arruinarle el domingo a nadie, me tomo un instante para recomendar una pequeña herejía cultural que no tiene jurados, no tiene cámaras y casi no tiene presupuesto: la obra independiente que se presenta este finde en el centro cultural del barrio de Congreso, escrita y dirigida por dos pibes que cobran en pesos lo que un coach de canto gana por un corte publicitario. No es un musical, no tiene playbacks, no necesita photoshop. Y ya que estamos en septiembre, en la antesala de otro Septiembre Musical con programas anunciados a último momento, vale recordar que la música, la verdadera, a veces suena más fuerte en una sala chica que en un estudio con tribuna. Y si no, al menos sirve para discutirlo en el after office, que de eso se trata.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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