Meta diseña a Muse para que recuerde vínculos, preferencias y contactos del usuario a partir de conversaciones y datos públicos
El asistente de inteligencia artificial de la compañía construye fichas sobre familiares, parejas, amistades y colegas. Un investigador accedió a las instrucciones internas que ordenan esa actualización cada hora. La firma defiende que la información proviene de contenido público y de lo que comparte el usuario, y que solo este puede borrar la memoria.
El proyecto Muse, desarrollado por Meta, reúne información sobre los vínculos personales del usuario con el objetivo de asistirlo en tareas cotidianas como reconocer una factura del plomero contratado con anterioridad o recordar las flores preferidas de su pareja. Así lo explicó Daniel Roberts, vocero de la compañía, al describir el funcionamiento del asistente de inteligencia artificial.
Para sostener esa asistencia, Muse elabora perfiles sobre el entorno del usuario, donde se incluyen familiares, parejas, amistades, colegas y otras personas, así como cuentas que aquel sigue en redes sociales. Las fichas se nutren de manera progresiva con antecedentes del vínculo, intereses compartidos, asuntos pendientes, cumpleaños, aniversarios, cambios de domicilio, objetivos de ahorro en común y desacuerdos previos, siempre que exista información que respalde esos datos en las conversaciones o conexiones del usuario.
El método que sigue el asistente en tres pasos
- Recolección continua: cada hora, el sistema ejecuta una rutina que prepara y actualiza las fichas del entorno del usuario a partir de conversaciones, conexiones y datos disponibles.
- Validación con evidencia: las instrucciones internas obtenidas por el investigador Karan Joshi exigen trabajar con información respaldada y no completar los perfiles con detalles inventados.
- Acción con confirmación: la compañía afirma que Muse solicita confirmación antes de ejecutar acciones como enviar un correo electrónico o concretar una compra.
El alcance de esa memoria quedó expuesto a partir del trabajo de Karan Joshi, investigador independiente en seguridad informática e inteligencia artificial. El especialista logró que el chatbot compartiera archivos con sus instrucciones internas mediante un pedido formulado dentro de la propia conversación, lo que permitió reconstruir la lógica de actualización que el asistente aplica sobre los datos de su usuario.
Roberts sostuvo que ese contexto ayuda al asistente a cumplir los objetivos de quien lo utiliza y aclaró que la información procede de contenidos públicos y de aquello que el usuario comparte de manera voluntaria. La empresa también aseguró que cada persona dispone de una máquina virtual separada, sin acceso para otros usuarios o agentes, y que el sistema ofrece controles para revisar la actividad mediante un registro de auditoría, eliminar la información guardada en la memoria y cortar la conexión con servicios externos que aportan datos.
El control de esa memoria, no obstante, queda en manos de quien instaló Muse. Las personas incluidas en los perfiles no cuentan con herramientas para revisar, modificar ni eliminar la información que el asistente conserva sobre ellas, un punto que la compañía no expuso en su respuesta y que concentra el debate sobre los límites del acceso a datos personales en sistemas de inteligencia artificial. Por el momento, Meta no informó una fecha para que Muse llegue de forma masiva a nuevos mercados ni para su eventual implementación en entornos clínicos o asistenciales.
