Microondas y plásticos: el gesto simple que puede bajar la exposición a microplásticos en cada comida
Toxicólogos consultados en Estados Unidos recomiendan mudar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla. Qué dicen los especialistas y por qué el sello «apto para microondas» no alcanza para zanjar el debate.
«Yo toda la vida metí el tupper al microondas sin pensarlo», me dijo ayer Marta, vecina de Once, mientras esperaba el 29 en la parada de la calle Perón. Le conté lo que vienen difundiendo dos toxicólogos norteamericanos y se quedó callada, con la bolsa del súper en la mano.
La advertencia es concreta: antes de recalentar, mudar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica. Lo propuso Wells Brambl, especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island, dependiente de Northwell Health.
Por qué el calor cambia las reglas del juego
Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist, lo explicó con una imagen simple: el aumento de temperatura hace vibrar las moléculas del plástico y puede fracturar la estructura de polímeros. Ahí se liberan fragmentos y aditivos —colorantes, antioxidantes, estabilizadores ultravioletas— que terminan en la comida.
Brambl agregó un consejo para cuando no queda otra que usar plástico: bajar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar el plato. Menos calor, menos desprendimiento.
Tres chequeos que conviene hacer en la cocina
- Pasar la comida a vidrio o cerámica antes de recalentar; el plástico va al freezer o a la heladera, no al microondas.
- Buscar la potencia mínima que alcance para templar, aunque haya que esperar un par de minutos más.
- Reemplazar de a poco utensilios, tapas y esponjas plásticas por versiones de madera, silicona o acero.
Brambl fue claro sobre un punto que confunde a muchos: que un envase diga «apto para microondas» no elimina la chance de que libere microplásticos. Oyewole completó: aprobar un material para almacenar alimentos no es lo mismo que responder qué pasa en el organismo cuando se ingieren esas partículas durante años.
¿Y qué se sabe de los efectos? La literatura ya registró micro y nanoplásticos en el cuerpo humano. Hay asociaciones con procesos inflamatorios, pero —insistió Brambl— una correlación no prueba causalidad. La investigación sigue abierta.
El propio Brambl reconoció un límite incómodo: los alimentos pueden llegar contaminados antes incluso de pisar la cocina, por el ambiente. Cambiar hábitos domésticos reduce una porción del problema, no la totalidad.
Marta me miró y dijo: «Empiezo mañana con el pirex». Le dije que yo también. Si vas a hacer lo mismo, mi pedido es directo: andá hoy a la góndola de bazar y comprate un recipiente de vidrio con tapa. Es el paso más chico y más útil que podés dar esta semana.
