Naruto y la tentación de venderse al mercado gringo: Hayato Date cuenta cómo le dijo que no a la presión internacional
El director del anime reveló que los propios nipones ya miraban de reojo a Estados Unidos antes del primer capítulo. Su respuesta fue tan simple como radical: hacer la serie para los japoneses o no hacerla.
En algún rincón de una conferencia de producción, a principios de los dos mil, mientras se terminaba de armar el equipo que iba a llevar el manga de Masashi Kishimoto a la pantalla, alguien tuvo la lucidez de advertir lo que se venía: que Naruto no era un dibujo animado japonés más, sino una ventana abierta de par en par hacia el mercado norteamericano. Y que, por lo tanto, había que tenerlo en cuenta. Hayato Date, el director, lo cuenta hoy con una franqueza que ya quisiera cualquier funcionario argentino cuando le preguntan por el ajuste. "Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón", dijo en una presentación en Anime India. La frase, lejos de ser una queja, es casi una declaración de principios al revés.
La decisión de no mirar afuera
Date y su equipo se hicieron, antes de empezar, la única pregunta que importaba: qué necesitaba Naruto para funcionar en Japón. Todo lo demás, incluyendo las objeciones que empezaban a llover desde Estados Unidos, quedó en el cajón de los problemas ajenos. "Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera", completó el director, como si estuviera respondiendo a medio siglo de debates sobre adaptaciones que terminan diluyendo la obra original.
La primera consecuencia visible fue un cruce con el público estadounidense, que protestó porque los personajes seguían lanzándose kunai y otras armas de filo como si fueran engranajes centrales de la trama. Date ni se inmutó. "Si quitas los kunai, ya no es Naruto", zanjó, con la misma energía con la que un tanguero te explica por qué no se puede bailar Gardel sin bandoneón. La postura fue clara: los gringos podían mirar la serie tal cual era, o quedarse mirándola por televisión ajena.
- Producción pensada primero para el público japonés, sin cálculos sobre el mercado externo.
- Rechazo explícito a modificar elementos identitarios como las armas de filo por presiones foráneas.
- Convicción de que la autenticidad de la obra de Kishimoto era más fuerte que cualquier adaptación.
- Resultado: una serie que se volvió fenómeno global sin necesidad de edulcorarse.
El resultado fue, contra todos los manuales de marketing, uno de los animes más vistos de las últimas décadas a nivel mundial, sentado en la misma mesa que Dragon Ball y One Piece. Sin pedir permiso, sin pedir disculpas, sin hacer cambios en la carta para que el comensal gringo no se ofenda por los palillos.
“Si quitas los kunai, ya no es Naruto.”Hayato Date
Hoy, con Destin Daniel Cretton preparando la versión de acción real, la pregunta vuelve a estar servida en bandeja. Date construyó Naruto desde la autenticidad de la fuente, con la soberbia necesaria para bancarse las presiones externas. Lo que haga la producción estadounidense, que tiene más presupuesto que varios PBI provinciales argentinos juntos, todavía está abierto. Pero como recomendación desinteresada, que respeten a Kishimoto, que dejen a los kunai en su lugar y que ni se les ocurra cambiarnos el Konoha por un pueblo genérico del mediooeste. Y ya que estamos, si quieren hacer una obra independiente y bien argentina mientras la esperan, dense una vuelta por cualquier sala del Septiembre Musical tucumano, donde seguro hay algo de cámara con más alma que varias superproducciones de Hollywood juntas. Ah, y hablando de Septiembre Musical: arranca cada septiembre y termina cada septiembre, como todo lo solemne, pero nunca termina de arrancar de verdad, igual que las obras públicas.
