Por qué del cardiólogo uno sale con varias cajas y no siempre entiende para qué sirve cada pastilla
Después de un diagnóstico cardiovascular es habitual irse del consultorio con más de un fármaco. La combinación apunta a problemas distintos y simultáneos del corazón, y la define el profesional según cada paciente.
Lo escuché de un vecino del barrio de Belgrano, mientras esperaba el 15 en la parada: "Fui al cardiólogo y me dieron cuatro cajas distintas. Las tomo, pero si me preguntás qué hace cada una, te miento". La escena se repite en la sala de espera de cualquier consultorio de la calle Cabildo.
Después de un diagnóstico cardíaco es muy común volver a casa con más de un medicamento. La razón es simple: el corazón puede fallar por motivos distintos y al mismo tiempo, y un solo fármaco no alcanza para cubrir todo el cuadro.
Qué busca atacar cada pastilla
La presión arterial alta es uno de los blancos principales. Cuando se mantiene elevada, obliga al músculo cardíaco a trabajar de más y, con los años, lo daña junto con las arterias. Para bajarla hay varias familias de medicamentos que actúan por caminos diferentes: los inhibidores de la ECA y los ARA-II, que bloquean una hormona que estrecha los vasos; los betabloqueantes, que bajan la frecuencia cardíaca; y los bloqueadores de los canales de calcio, que relajan las arterias o frenan el pulso.
El colesterol LDL, conocido como "malo", se trata aparte. Las estatinas son las más usadas y, además de reducirlo, ayudan a bajar la inflamación. Si no alcanzan o no se toleran, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9.
Las estatinas se indican tanto después de un infarto, un ACV o la colocación de un stent, como en personas con factores de riesgo que todavía no pasaron por un evento. La decisión la toma el profesional caso por caso.
Los medicamentos que evitan coágulos
- Los antiagregantes plaquetarios, como la aspirina o el clopidogrel, dificultan que las plaquetas se peguen entre sí.
- Los anticoagulantes, como el apixabán y el rivaroxabán, actúan en otro paso del proceso y se usan sobre todo para tratar coágulos en piernas o pulmones.
- Ambos pueden aumentar el riesgo de hemorragias, así que ninguno se empieza ni se deja por cuenta propia.
Para los que tienen arritmias existe además una familia específica de fármacos antiarrítmicos, que apuntan a regular el ritmo del corazón.
Lo que nunca hay que hacer es automedicarse ni suspender un fármaco por decisión propia. Si algo no se entiende, la consulta con el cardiólogo es el único camino. Antes de irse del consultorio, mi pedido concreto es el de siempre: pedirle al médico que explique, con la caja en la mano, para qué sirve cada pastilla y a qué hora conviene tomarla.
