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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Por qué nos cuesta decir que no y qué pasa cuando no lo decimos

Ansiedad, resentimiento y hasta insomnio: lo que deja no poner límites, y lo que también rompe cuando no se tolera el del otro. La buena noticia es que se puede trabajar.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 5 d
Por qué nos cuesta decir que no y qué pasa cuando no lo decimos

Me dijo un vecino de Caballito, mientras esperábamos el 15: “Yo no sé decir que no, y a la noche me como los mires un domingo”. Me quedó dando vueltas esa frase. Es el resumen perfecto de un problema que muchos arrastran sin ponerle nombre.

Poner un límite empieza a aprenderse en la primera infancia, cuando alguien te marca qué se puede y qué no. Esa frustración, vivida a tiempo, es la que después te permite decir hasta acá sin sentir que estás traicionando al otro.

Cuando no podés decir que no

Si de chico aprendiste que tu deseo molesta o que un no puede romper un vínculo, de grande aceptás lo que no querés y te hacés cargo de lo que no te corresponde. Los especialistas lo resumen así: aparece ansiedad, se acumula resentimiento y aparece un cansancio que ningún descanso resuelve. Con el tiempo, el cuerpo empieza a poner límites donde la palabra no llegó: dolores sin causa clara, insomnio, malestares que los estudios médicos no terminan de explicar.

Cuando no tolerás el no del otro

En el otro extremo está quien vive cualquier “no” como una ofensa. Parece fortaleza, pero muchas veces responde a una imagen frágil de uno mismo que se sostiene venciendo la resistencia del otro. Las relaciones se terminan ordenando alrededor de su voluntad, y a la larga se vacían.

  • Decir no sin culpa y escuchar un no sin sentirse atacado es un punto medio posible.
  • Ese punto tiene un costo: arriesgar el vínculo con alguien de quien dependés, de manera afectiva o de plata.
  • El punto menor suele ser menor que las alternativas: ansiedad, resentimiento, cuerpo que pasa la factura.
  • No es un rasgo de carácter fijo: se construyó en la infancia y se puede revisar con un tratamiento adecuado.

A mí, que laburo en la Sociedad y la vida cotidiana, me parece que lo más lindo que dice este material es que nadie nació así. Si aprendiste tarde, todavía estás a tiempo de aprender ahora.

Te pregunto a vos que estás del otro lado: con quiénes te cuesta más poner un límite, con un desconocido en la calle o con quien más querés en tu casa. Escribime, te leo.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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