Reutilizar el pollo sobrante: claves para armar una tarta casera con lo que hay en la heladera
La carne ya cocida se puede combinar con calabaza, choclo, cebolla o puré de vegetales y rematar con una masa de harina, agua y aceite. Algunas recomendaciones para conservar la humedad y sumar sabor.
Una tarta ofrece una salida práctica para darle un segundo uso al pollo que quedó en la heladera y, de paso, sumar los vegetales que esperan turno en la cocina. La carne puede provenir de pechuga o de pata muslo, tanto hervida como cocinada al horno, a la parrilla o salteada, y se integra con una amplia variedad de acompañamientos sin necesidad de volver a comprar el ingrediente principal.
Combinaciones posibles para el relleno
El primer paso es revisar qué hay disponible. La calabaza asada junto con queso configura una mezcla cremosa, apta para enlazar con el pollo desmenuzado. Otra alternativa reúne granos de choclo amarillo con crema de choclo blanco, con un resultado de texturas contrastantes. La cebolla, por su parte, sirve como base de una versión con pocos ingredientes. La lista puede ampliarse con zanahoria, espinaca, zapallito y morrón, cortados en tiras o en cubos, que incrementan el volumen de la preparación.
También se pueden incorporar purés —de berenjena, morrón, calabaza o batata— como base para acompañar la carne. Para unir los componentes, el queso, el huevo o la crema cumplen una función integradora y aportan cuerpo.
Cómo mantener la humedad
Antes de armar la tarta conviene atender el estado del pollo. La carne cocida pierde hidratación y tiende a endurecerse, sobre todo cuando salió del horno o de la parrilla. Una vez cortada en cubos o desmenuzada, se recomienda saltearla con cebolla y morrón. Si durante ese proceso se nota que el conjunto se seca, unas gotas de agua incorporadas en el salteado devuelven la jugosidad y evitan que la preparación final quede fibrosa.
Una masa casera en tres pasos
La cubierta admite tanto una tapa comprada como una masa elaborada en casa. Una de las proporciones sugeridas es de dos tazas de harina por una taza de líquido, repartida entre agua y aceite, proporción que arroja una textura algo arenosa y resulta sencilla de manipular. La preparación también deja margen para sumar condimentos: orégano, ajo en polvo, ají molido o semillas son algunas de las alternativas que se pueden añadir tanto a la masa como al relleno para adaptar el resultado a lo que haya en la alacena.
- Revisar los vegetales disponibles y elegir una combinación: calabaza con queso, choclo amarillo con crema de choclo, cebolla como base, o zanahoria, espinaca, zapallito y morrón en tiras o cubos.
- Cortar el pollo cocido en cubos o desmenuzarlo y saltearlo con cebolla y morrón, agregando unas gotas de agua si se nota seco.
- Incorporar al relleno queso, huevo o crema como elemento de unión, o sumar purés de berenjena, morrón, calabaza o batata como base.
- Preparar la masa con dos tazas de harina, una taza de líquido repartido entre agua y aceite, y condimentar a gusto con orégano, ajo en polvo, ají molido o semillas.
- Armar la tarta con la masa como base, distribuir el relleno y llevar a horno hasta dorar la cubierta.
