Sarah, la hija de Barby Franco y Burlando, ya tiene pasaporte europeo: la odisea familiar detrás del documento
La niña recibió la ciudadanía italiana por descendencia tras años de trámites consulares. La modelo celebró el anuncio en sus redes con fotos y un emotivo texto.
Después de tantos años de lucha, finalmente llegó este día. La frase la escribió Barby Franco en su cuenta de Instagram y bien podría funcionar como banda de sonido para cualquiera que haya pisado alguna vez un consulado italiano con una carpeta de cuatro kilos bajo el brazo. Es que conseguir la ciudadanía por descendencia en Argentina es una experiencia que combina la paciencia de un santo con la tolerancia a la frustración de un árbitro de inferiores. La modelo y el abogado Fernando Burlando transitaron ese camino hasta que finalmente su hija Sarah levantó el pasaporte italiano y, literalmente, lo hizo flamear como si fuera una bandera en la final de un mundial.
El trámite, como tantos otros que dependen del sistema consular, se extendió durante años. Franco lo resumió con una enumeración que a cualquier compatriota le va a sonar familiar: trámites, esperas interminables, papeles, paciencia. La definición parece sacada de un manual del buen jubilado que pelea un turno en el Renaper, pero aplicada a la obtención de un documento europeo le agrega un plus de épica. Porque además del dolor de cabeza habitual, está la revisión de la documentación genealógica, las partidas que hay que traducir, las legalizaciones que caducan a las tres semanas y las idas y vueltas que parecen no terminar más, hasta que un día, sin aviso previo, llega la confirmación.
Por qué el documento vale más que un sello en el pasaporte
La ciudadanía italiana por descendencia habilita a hijos, nietos o bisnietos de italianos a obtener esa nacionalidad y, con ella, la posibilidad de vivir y trabajar en cualquier país de la Unión Europea. En términos prácticos, significa que Sarah tiene ahora una puerta abierta a veintisiete países sin necesidad de visa. Pero Franco decidió no quedarse en el costado burocrático del asunto y fue por el costado emocional: Es historia, raíces, identidad, familia y el legado de nuestros antepasados que sigue vivo en ella. Para la modelo, el papel no es un trámite más del montón, sino la confirmación de que un linaje entero sigue caminando, ahora en los papeles de su hija.
“Hoy se abre una puerta más para tu futuro, con nuevas oportunidades y un pedacito de tu historia reconocido para siempre.”Barby Franco, en el posteo dedicado a su hija
Las fotos que acompañaron el anuncio muestran a la nena en brazos de su padre, los dos con esa sonrisa amplia de quien termina una maratón y todavía no puede creer que cruzó la meta. En una de las imágenes, Sarah sostiene el flamante pasaporte como si fuera el trofeo de un campeonato. La postal condensa lo que Franco quiso transmitir: detrás de este logro hay años de esfuerzo, ilusión y perseverancia, remató la modelo, antes de sentenciar que la espera terminó, el sueño se hizo realidad. Burlando, en tanto, se limitó a mirar la escena con cara de padre que recién ahora puede exhalar el aire que venía conteniendo desde el primer turno en el consulado.
- Quiénes pueden pedirla: hijos, bisnietos o tataranietos de ciudadanos italianos que hayan mantenido la base genealógica con datos completos y la documentación familiar sin perder la cadena de generaciones.
- Cuánto puede demorar: el proceso completo suele extenderse de 4 a 10 años, según el consulado, la carga de turnos y la cantidad de presentaciones pendientes.
- Qué se necesita acreditar: partidas de nacimiento, matrimonio y defunción de cada eslabón de la línea, traducidas al italiano, legalizadas y, en muchos casos, apostilladas, además del acta de no naturalización del antepasado que emigró a la Argentina.
- Qué derechos trae consigo: residencia, trabajo y estudio en cualquier país de la Unión Europea, además del acceso a la salud pública y a la posibilidad de tramitar un documento de identidad italiano para los descendientes que vengan después.
- Cómo sigue la historia: Sarah ya cuenta con el pasaporte europeo y, según la publicación, la familia considera que es la apertura de nuevas oportunidades para su futuro.
Toda esta movida demuestra una verdad incómoda que ningún portal oficial suele reconocer en sus títulos: cuando el Estado italiano te concede la ciudadanía por descendencia te entrega un documento que vale por todos los que tus propios papeles argentinos prometen y no siempre cumplen. Acá, uno gana bastante cuando se mete en la fila del consulado en lugar de ir a buscar una cualquiera de las tantas promesas criollas. La familia de Franco lo sabe de primera mano. Mientras tanto, el resto seguimos armando carpetas con fe, porque la burocracia italiana tiene un sistema y los turnos, una fecha. La pregunta queda picando para el lector: ¿vos o alguien de tu familia atravesó alguna vez un trámite así? Si la respuesta es sí, sabés de qué hablo. Si es no, tené cerca un cargador de teléfono y mucho café, porque te espera una saga que bien podría convertirse en una segunda temporada de Los expedientes secretos.
