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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y Netflix la manda a dormir a la casa de Lizzie Borden: una licencia que pide permiso a gritos

La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy cruza a dos asesinas con un siglo de distancia sin ninguna prueba histórica que las emparente. El guionista Ian Brennan reconoce que es un recurso narrativo y hasta lo presenta como un favor para Wuornos. Spoiler: el favor le sale caro al rigor.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · · hace 27 d
Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y Netflix la manda a dormir a la casa de Lizzie Borden: una licencia que pide permiso a gritos

El productor Ian Brennan lo dijo sin anestesia: buscaban darle a Aileen Wuornos un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz. Lo soltó mientras promocionaba la cuarta entrega de la antología Monster, que Netflix estrenó con Lizzie Borden como plato principal y a Sarah Paulson haciendo de Wuornos como postre con guarnición de liberties creativas. Traducido: la serie reconoce abiertamente que lo que muestra entre Wuornos y Borden es una construcción de la escritura, no de la realidad.

Lo que se sabe y lo que se inventa

Conviene separar dos planos para no marearse con la puesta en escena. El primero es el expediente Wuornos, que pertenece a otro calendario: seis condenas a muerte en Florida por asesinatos cometidos entre 1989 y 1990, una confesión que llegó a sumar siete víctimas, el argumento inicial de que se había defendido de abusos y la ejecución por inyección letal en 2002, cuando tenía 46 años. El segundo es el vínculo con Lizzie Borden que propone la ficción: visitas a la casa de los Borden, lecturas compartidas con su novia y visiones en el más allá. De todo eso no hay un papel, un testimonio ni una nota al pie que lo respalde. La serie lo aclara entre líneas, pero el marketing no lo repite en los afiches.

“Ofrecerle al personaje un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz”Ian Brennan, cocreador de la serie

El mecanismo empieza a rodar en el cuarto episodio, cuando la acción salta a Florida en 1988 y Wuornos aparece en una ruta, ejecuta a un hombre de un disparo y sigue caminando como si nada. Más tarde, la muestran leyendo con su novia un libro sobre Borden y encontrando en esa masacre un espejo donde mirarse. Hasta acá, podría discutirse como una decisión estética: una asesina que se reconoce en otra. El problema aparece en el sexto capítulo, cuando la mandan a pasar una noche en la casa de los Borden y el montaje intercala pasajes de la investigación de 1892 como si fueran dos mundos en paralelo que, en realidad, nunca tuvieron paralelo.

  • Wuornos fue condenada por seis asesinatos en Florida entre 1989 y 1990 y ejecutada en 2002.
  • Borden fue juzgada en 1893 por el asesinato de su padre y su madrastra en Fall River, Massachusetts, y absuelta.
  • No hay evidencia de que Wuornos haya visitado la casa de los Borden ni de que haya sentido la obsesión que muestra la serie.
  • El cruce entre ambas se construye como un recurso de guion, no como un hecho histórico.
  • Sarah Paulson interpreta a Wuornos como una pieza clave del reparto, que ya venía de encarnar a otras villanas en la franquicia.

Queda flotando una pregunta incómoda: qué lugar deberían tener estas licencias en las series basadas en casos reales. Si el aviso es honesto y se presenta como una relectura, el espectador adulto entra avisado y elige. Si se envuelve en producción pomposa, reconstrucción detallada de época y un casting taquillero, el género híbrido se vuelve un vehículo para colar cualquier capricho con el escudo de la no ficción. El expediente Wuornos ya fue objeto de documentales, libros y hasta una película con Charlize Theron que se tomaba muy en serio el registro judicial. Sumarle una estadía imaginaria en la casa de los Borden es un recurso de screenwriter con pretensiones de tesis.

Si te quedó gusto por Borden después de esta mezcla, hay una opción local que la trabaja con menos maquillaje y más archivo: la obra independiente Lizzie, que repondrá funciones en salas independientes de Buenos Aires durante septiembre, con una puesta que se apoya en las actas del juicio y en las cartas de la época. Es una forma de ver el caso sin que Netflix te lo edite como si fuera un cruce de dos asesinas en un episodio de true crime con perfume de reunión de amigas. Y ya que hablamos de septiembre: si el Septiembre Musical de La Rioja sigue entregando cruces narrativos como este, no sería mala idea que el próximo encuentro sea entre el guionista de la serie y el archivista de Fall River, a ver si se aclaran las licencias antes de que otro espectador termine creyendo que Wuornos cenó en la mesa de los Borden.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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