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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tres horas en una camioneta turca, buscando un muerto que nadie sabe dónde quedó: Ceylan y el thriller que se anima a aburrirte

Estrenada en Filmin, la película del director turco propone una pesquisa policial en estepas nocturnas donde lo que se desentierra es la humanidad rota de los personajes, no el cadáver que todos buscan.

Por Fernando YapuraCultura y espectáculos · · hace 43 d
Tres horas en una camioneta turca, buscando un muerto que nadie sabe dónde quedó: Ceylan y el thriller que se anima a aburrirte

Había una vez un fiscal, un médico forense, un puñado de policías, dos sospechosos medio borrachos y un cadáver enterrado en algún lugar de la estepa turca que nadie recordaba con precisión. Con esa sola línea, Nuri Bilge Ceylan armó una película de casi dos horas y media que es, a la vez, un thriller policial, una comedia ácida sobre la burocracia estatal y una clase magistral de cómo filmar la nada sin que al espectador se le cierren los ojos. Aunque, siendo honestos, a varios se les cierran.

De qué va la cosa, para el que llega tarde

Una noche cualquiera, una comitiva oficial sale a buscar un cuerpo enterrado por dos hombres que estaban tan ebrios cuando lo hicieron que no recuerdan ni el pueblo, ni el árbol, ni la loma. Lo que sigue es una sucesión de paradas, faros que iluminan pastizales, pozos que no son, pozos que sí son pero no, y un grupo de personas hablando de todo menos de lo que están haciendo. Así, durante casi doscientos minutos.

  • Un fiscal pragmático que observa todo sin meter las manos.
  • Un médico forense cansado de contar muertos.
  • Un jefe de policía local que no termina de entender por qué lo sacaron de su casa a las tres de la mañana.
  • Dos sospechosos que se pelean entre sí mientras esquivan la respuesta.
  • Y una víctima enterrada en algún lugar que nadie ubica, mientras afuera la noche turca sigue pasando.

Ceylan, que ya venía de films como 'Lejano' y 'Tres monos', lleva acá su obsesión por el ritmo lento hasta un punto que desespera al público acostumbrado a que las cosas pasen. La cámara se queda. Los personajes se quedan. Hasta el viento parece quedarse. La oscuridad del campo funciona menos como escenario de suspenso y más como estado de ánimo: una atmósfera donde las conversaciones triviales —sobre la mujer de uno, la estafa del otro, la sopa de la cantina— van dejando ver la podredumbre debajo de la rutina.

“La angustia que construye no es la del suspenso clásico sino algo más cercano al agotamiento existencial: personas que conviven a diario con el crimen y la muerte y van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí.”Fernando Yapura

Si el lector esperaba acá la recomendación de alguna perlita del Septiembre Musical, lamento decepcionarlo: este columnista tiene sus límites, y mezclar una búsqueda de cadáveres en Anatolia con un festival de música clásica tucumano sería una herejía que ni el propio Ceylan se atrevería a filmar. Lo que sí se puede decir es que la película funciona como el opuesto exacto de la programación oficial del Septiembre: donde aquel busca llenar la grilla con nombres rutilantes, Ceylan llena tres horas con cinco tipos caminando y, sin embargo, no sobra nada.

Érase una vez en Anatolia se llevó el Gran Premio del Jurado en Cannes y está disponible en la plataforma Filmin. No es una película para mirar entre mates y notificaciones: pide silencio, poca luz y, sobre todo, paciencia. Quien acepte sus —perdón, condiciones— sale recompensado con una de las experiencias más raras que ofrece el cine contemporáneo, un policial donde el misterio más importante no es dónde está enterrado el muerto, sino por qué seguimos vivos los demás.

Moraleja tucumana para terminar, ya que estamos en Septiembre y todo se presta: si el Septiembre Musical algún día se anima a programar algo tan experimental como lo que hizo Ceylan en esta película —una propuesta larga, densa, que incomode al público de siempre y convoque a uno nuevo—, tal vez dejemos de quejarnos cada año de que la programación es siempre la misma. Mientras tanto, nos quedamos con la estepa turca y el consuelo de saber que, en algún rincón del mundo, hay un director capaz de filmar tres horas de búsqueda sin encontrar nada y convertirlo en arte. Habrá que ver si el director artístico del Septiembre toma nota, o si seguimos con el mismo recital de siempre. Miento, no es moraleja tucumana: es moraleja de este cronista cansado de pedir peras al olmo.

FY
Fernando YapuraCultura y espectáculos

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