Un ovario que no se apaga: el hallazgo que cambia lo que creíamos saber sobre la menopausia
Un estudio en Estados Unidos demostró que el órgano sigue activo décadas después de dejar de ovular. Investigadoras argentinas explican qué significa para la salud de las mujeres grandes.
“Yo siempre sentí que la menopausia me iba a cambiar, no que me iba a apagar”. Lo dijo Marta, 68 años, vecina de Boedo, mientras esperaba el 53 en la esquina de Independencia. Y parece que su intuición tiene base científica.
El ovario deja de liberar óvulos y modifica su producción hormonal con la menopausia, pero no se queda quieto. Eso acaba de comprobar un estudio publicado en la revista Aging Cell, firmado por equipos de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en Estados Unidos.
Qué midieron y qué encontraron
Analizaron 28 muestras de tejido ovárico de mujeres operadas por causas benignas, con edades entre 50 y 75 años. Mediante espectrometría de masas, cuantificaron 5.812 grupos de proteínas y armaron tres grupos: de 50 a 59, de 60 a 69, y de 70 en adelante.
- Con la edad, subieron las proteínas asociadas a la inflamación y la respuesta inmunitaria.
- Bajaron las proteínas vinculadas a la estructura celular, los filamentos y las queratinas.
- En el grupo de 70 años o más, se detectaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las más jóvenes: 84 disminuyeron y 33 aumentaron.
El cuadro describe un órgano que pasa de sostener su arquitectura a volcarse en procesos de reparación y señalización. Un tejido que se reconfigura, no que se apaga.
La voz de las investigadoras
“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en Northwestern
El estudio también cruzó sus datos con investigaciones previas sobre cáncer de ovario. En el grupo de 60 a 69 años aparecieron con más fuerza algunas proteínas antes vinculadas a ese tumor, cerca de la edad mediana de diagnóstico. Las investigadoras aclararon que ninguna muestra tenía signos de cáncer y que se trata de una coincidencia que hay que seguir explorando.
Lo que pido es simple: que la próxima vez que una mujer de 70 vaya al consultorio, el médico no le diga que su ovario ya no existe. Que sepa que sigue ahí, trabajando en silencio, y que merece controles y escucha como el resto del cuerpo.
