A los 93, Ellen Burstyn pasea, levanta peso y no se queda quieta: la rutina que la actriz eligió para seguir de pie
La actriz mantiene caminatas, gimnasio y trabajo con un preparador físico. Especialistas consultados marcan una diferencia útil: caminar y entrenar fuerza no hacen lo mismo, sobre todo después de los 60.
"Yo camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido", dice la vecina del barrio cuando la cruzo en la plaza. Lo escucho y me quedo pensando: eso mismo fue lo que dijo Ellen Burstyn, la actriz, que a sus 93 años sigue combinando paseos, pesas y entrenamiento con un preparador físico.
Vivo en Palermo y todas las mañanas tomo el colectivo 39 hacia el centro. En el viaje charlo con pasajeros de mi edad, entre 50 y 70 años, y el tema siempre vuelve: qué hacer para caerse menos y para levantarse mejor de una silla.
Caminar no alcanza: por qué importa sumar fuerza
Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Cleveland Clinic, lo explica sin vueltas: fortalecer los glúteos favorece la estabilidad cotidiana y puede contribuir a que los adultos mayores sufran menos caídas. Poner las manos en las rodillas y empujar para pararse parece simple, pero es justo lo que se entrena.
El entrenador Álvaro Puche lo traduce a un circuito corto que se puede hacer en casa, en el patio o en un salón del barrio. La idea no es correr ni transpirar la camiseta, sino sumar minutos de resistencia para que el cuerpo responda cuando lo necesitamos.
- Pararse desde una silla sin ayudarse con las manos.
- Elevar los talones despacio, sosteniéndose de algo firme.
- Remar con una banda elástica, manteniendo la espalda derecha.
- Hacer flexiones inclinadas contra una superficie alta, estable y que no resbale.
La rutina que propone dura entre tres y cuatro minutos, tres veces por semana. La altura del asiento, los apoyos, el recorrido del movimiento y la carga pueden cambiar según las posibilidades de cada persona. La técnica y la seguridad van antes que la cantidad de repeticiones.
No es una receta para todos: cuándo pedir ayuda
Burstyn tuvo dos fracturas de muñeca, usa una férula en una mano y convive con artritis. Esos antecedentes impiden tomar sus hábitos como una fórmula que cualquiera pueda copiar sin más. Quienes tengan lesiones viejas, dolores que no se van, enfermedades crónicas o miedo a perder el equilibrio necesitan una consulta antes de empezar.
Esa charla puede hacerse con el médico de cabecera, con un kinesiólogo o con un profesional capacitado en ejercicio. No es un trámite burocrático: es la diferencia entre entrenar y lastimarse.
La actriz empezó a cambiar sus costumbres cerca de los 40. Mantiene una alimentación vegetariana y dejó el alcohol y el cigarrillo hace décadas. Sigue trabajando, lee, recibe visitas y va a recitales. El movimiento ocupa un lugar dentro de esa vida cotidiana, junto con los afectos y la cabeza activa. Ahí, creo, está la clave.
Mi pedido concreto, el de siempre: empecemos por lo que ya tenemos. Una silla firme, una banda elástica barata y tres minutos tres veces por semana. Después, charlamos.
