Aftas en la boca: cuando una simple lastimadura puede esconder algo más
Las úlceras bucales son habituales y casi siempre inofensivas, pero su repetición, su tamaño o su combinación con otros malestares pueden estar marcando un problema de fondo. Una guía para saber cuándo dejarlo pasar y cuándo ir al médico.
Me dijo una vecina de Once mientras esperaba el 29 en la parada: Yo tengo unas llagas en la boca que me vienen cada dos semanas y ya no sé si es stress o algo más serio. La pregunta del vecino es la pregunta de miles. Porque casi todos, alguna vez, sentimos ese ardor en la encía o en la cara interna de la mejilla y vimos aparecer una mancha blanca con borde rojo que molesta al comer.
Qué son y por qué aparecen
Las aftas son lesiones pequeñas que nacen en la mucosa bucal: en el interior de las mejillas, sobre o debajo de la lengua, en las encías, en el paladar blando o en la cara interna de los labios. Suelen tener un centro blanquecino o amarillento rodeado por un halo rojizo y, a veces, avisan con un ardor o un hormigueo previo. A diferencia del herpes labial, no se contagian ni aparecen en el borde externo de los labios.
Lo más frecuente es que desaparezcan solas en una o dos semanas. Las versiones menores son chicas, redondeadas y no dejan señal. La variante mayor es más profunda, más dolorosa y puede tardar hasta seis semanas en cerrar. También existe una forma herpetiforme, con muchas ulceritas chiquitas que se agrupan, menos común pero más molesta.
Qué las dispara
- Traumatismos locales: morderse la mejilla, cepillarse con demasiada fuerza, roces con brackets o prótesis mal puestas y quemaduras por comida caliente.
- Cuestiones emocionales y hormonales: stress, cansancio, ciclo menstrual y embarazo.
- Déficits nutricionales: falta de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del grupo B y vitamina D.
- Enfermedades de base: celiaquía, Crohn, lupus, Behçet, artritis reactiva, infecciones y cuadros de inmunodeficiencia como el VIH.
La pista que dejó un metaanálisis reciente
Un trabajo publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health revisó varios estudios y encontró que las personas con aftas que vuelven una y otra vez presentan, con mayor frecuencia, valores bajos de vitamina B12, reservas de hierro medidas por ferritina reducidas y hemoglobina por debajo de lo normal. Los autores aclararon algo clave: asociación no es causalidad. Es decir, que aparezca un déficit en quienes tienen aftas no significa que ese déficit sea el responsable directo. Aun así, conviene tenerlo en cuenta a la hora de pedir un análisis de sangre.
Las señales para no dejar pasar
Hay cuatro banderas rojas que conviene respetar: una llaga que sigue ahí pasadas tres semanas, lesiones que se multiplican o reaparecen seguido, aftas que aparecen junto con fiebre, diarrea, aftas genitales o erupciones en la piel y dificultad para tragar o para hablar. Si algo de esto pasa, la consulta con el odontólogo o con el clínico no puede esperar.
Antes de terminar, lo que siempre conviene repetirle al médico de cabecera: cuándo empezaron las lesiones, cada cuánto vuelven, si duelen más al comer algo ácido o salado, qué medicamentos se están tomando y si hubo cambios en la dieta o en el peso. Esa información es la que permite distinguir una molestia pasajera de un cuadro que pide más estudios.
