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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Aftas que no se van: las señales para dejar de hacerse el desentendido y llamar al dentista

Una llaga en la boca suele ser molesta y nada más, pero hay cuatro claves que indican cuándo conviene pedir turno con un profesional en lugar de esperar a que se pase sola.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 35 d
Aftas que no se van: las señales para dejar de hacerse el desentendido y llamar al dentista

"Tengo una llaga en la encía que no se va hace tres semanas y ya me harté", me dijo el jueves a la tarde el señor de la verdulería de la esquina de mi casa, en Villa del Parque, mientras esperaba el 53. Le dije que no la dejara pasar. Y en la nota de hoy te cuento por qué.

Las aftas, esas heridas blancas o amarillentas que aparecen dentro de los labios, las mejillas o la lengua, son una incomodidad frecuente: afectan a cerca de una de cada cuatro personas a lo largo de la vida. No se contagian, no vienen de un virus y, en la enorme mayoría de los casos, se resuelven solas en una o dos semanas.

Cuándo la cosa deja de ser "una llaguitas nada más"

  • Dura más de dos semanas sin mejorar.
  • Vuelve una y otra vez, varias veces al año.
  • Es más grande de lo habitual o aparece una nueva antes de que cicatrice la anterior.
  • El dolor es tan intenso que impide comer, beber o hablar con normalidad, o viene acompañado de fiebre.

La Clínica Mayo y el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos coinciden en esos cuatro puntos. Si se da alguno, la consulta con un odontólogo o con un clínico deja de ser opcional y pasa a ser necesaria.

También hay que prestar atención a los desencadenantes. Morderse accidentalmente la mejilla, cepillarse los dientes con demasiada fuerza, los brackets o una prótesis mal puesta, y hasta el borde filoso de una muela rota pueden abrir una afta. Los alimentos muy ácidos, picantes o salados irritan la zona y alargan la molestia. Corregir el origen, ajustar el aparato o suavizar el cepillado, baja las chances de que vuelva.

Y si son repetidas, mirar un poco más adentro

Cuando las llagas se repiten con frecuencia, puede haber un déficit de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12 detrás. Pero atención: eso no significa que haya que salir a comprar suplementos por cuenta propia. Es el profesional quien evalúa la historia clínica y, si lo considera, pide un análisis.

Una revisión publicada en el repositorio científico PMC recuerda que, antes de sellar el diagnóstico de aftas recurrentes, hay que descartar otras causas. Por eso, en episodios que se repiten, la evaluación suele incluir los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.

Mientras tanto, para una molestia pasajera alcanzan los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos. Tranquilizan y ayudan a cicatrizar. No evitan que la afta vuelva, pero bancan esos diez días de incomodidad.

Mi consejo de vecina que no se banca el dolor: si la llaga lleva más de dos semanas ahí, no la banque. Saque turno en el dentista del barrio, pida un análisis de sangre si el médico lo sugiere y deje de comerse los justos. La boca, como el colectivo 53 cuando llueve, también hace paradas: hay que saber cuándo bajarse.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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