Crecer con Naruto, o cómo aprender a caerse y levantarse mirando dibujos animados
Un estudio reciente asegura que la serie japonesa funcionó como una escuela emocional para toda una generación: enseñó a insistir, a pedir ayuda y a entender que nadie se hace solo. Un alivio, en tiempos donde todo se resuelve con un sticker de WhatsApp.
Crecer con "Naruto" fue, para muchos, algo así como tener un manual de cabecera para la adversidad sin saberlo. Eso es lo que sostiene un estudio publicado en octubre de 2025, encabezado por Alfin Rosydha y Nalia Roohma, que volvió a circular con fuerza en las últimas semanas a través de las redes sociales. Sus autoras y autores llegan a una conclusión tan previsible como bienvenida: mirar esa serie durante la infancia dejó huellas emocionales positivas en buena parte de su audiencia.
Un huérfano que se negaba a tirar la toalla
La investigación, titulada "Naruto: Un estudio sobre la Resiliencia y el Crecimiento en la Animación Japonesa", pone el foco en el arco del protagonista: un chico marginado, sin familia, cargado de demonios propios, que insiste una y otra vez con su objetivo de convertirse en Hokage, el líder de su aldea. Para los autores, esa repetición cotidiana de fracaso y reintento habría funcionado como un modelo formativo para chicos que todavía estaban armando su propia caja de herramientas emocionales. Es decir, cada vez que Naruto se levantaba después de una paliza, el chico o la chica del sillón tomaba nota, aunque no fuera consciente de ello.
"Naruto es mucho más que una historia coming-of-age: es una narrativa con raíces en los temas de la resiliencia, la perseverancia y el crecimiento personal", sostienen los investigadores. Y agregan una idea clave: la resiliencia no aparece por arte de magia ni se hereda, se entrena con la exposición a situaciones límites, en la ficción o en la vida real. Acompañar al personaje en sus caídas habría servido como un ensayo emocional antes de las propias.
Lo colectivo siempre le ganó a lo individual
- La insistencia como método: Naruto fracasa, se levanta, vuelve a fracasar y vuelve a levantarse. La repetición como pedagogía.
- El vínculo como motor: mentores como Kakashi o Iruka y compañeros como Sasuke y Sakura muestran que nadie crece solo.
- Pedir ayuda no es debilidad: la serie instaló esa idea antes de que se volviera slogan de coaching.
- La empatía como músculo: el protagonista entiende al villano antes que el resto, y eso corre como un valor a lo largo de toda la historia.
“Es mucho más que una historia coming-of-age: es una narrativa con raíces en los temas de la resiliencia, la perseverancia y el crecimiento personal.”Alfin Rosydha y Nalia Roohma, autoras del estudio
El otro hallazgo del trabajo apunta al peso de los vínculos. Para Rosydha y Roohma, el recorrido del protagonista no se entiende sin sus mentores y compañeros: la serie repite, capítulo tras capítulo, que el éxito colectivo supera al individual y que aceptar apoyo no es debilidad sino parte del crecimiento. Una idea que, según la propia investigación, caló hondo en una generación que además creció mirando a su alrededor y viéndose, muchas veces, bastante sola.
"Naruto" se emitió originalmente entre 2002 y 2007, y su continuación, "Naruto Shippuden", se extendió hasta 2017. Décadas después de su debut, la serie creada por Masashi Kishimoto sigueando su lugar en la cultura popular y su influencia fuera de la pantalla. Lo que vuelve a quedar claro con este estudio es que, para bien o para mal, mirar dibujitos japoneses a los ocho años dejó marca. Y, por una vez, no es una marca para preocuparse.
