Stalingrado llega al streaming: la película alemana que metió doce mil extras en el freezer y se quedó corta en la boletería
A más de treinta años de su estreno, la superproducción de Joseph Vilsmaier puede verse en una plataforma. Un repaso por la apuesta que quiso mostrar la batalla más sangrienta del frente oriental sin filmar un solo cuadro en la ciudad real.
“Una necesidad psicológica urgente”. Así describió Adolf Hitler la toma de Stalingrado, según dejó registrado Joseph Goebbels en su diario. Casi medio siglo después de que esas palabras se convirtieran en una orden que costó casi dos millones de muertos, un director bávaro decidió meterlas en una película. Y no escatimó: doce mil extras, cinco meses de rodaje, Finlandia con treinta grados bajo cero y un presupuesto de veinte millones de marcos, por entonces unos catorce millones de dólares. El resultado fue Stalingrado (1993), de Joseph Vilsmaier, que acaba de recalar en una plataforma de streaming y vuelve a poner en discusión una pregunta incómoda: por qué la versión alemana de la batalla más brutal del frente oriental sigue siendo, para el público masivo, apenas un título de culto.
Una novela de 1945 que esperó cinco décadas
La película adapta la novela homónima de Theodor Plievier, publicada en 1945. Recién en 1993 consiguió quien la llevara al cine con la magnitud que el relato pedía. Vilsmaier no se anduvo con cuidados: contrató veteranos de guerra amputados para las escenas del frente, reclutó miles de extras y reconstruyó cada edificio dañado por los bombardeos. Es que Stalingrado, en la vida real, tampoco tenía paredes que mostrar: la ciudad fue arrasada durante el combate y reconstruida después, así que no quedaba nada del decorado original. La producción tuvo que fabricarse la guerra pieza por pieza.
La apuesta rindió en calidad y se quedó corta en la taquilla. En Alemania juntó diez millones de dólares, por debajo de las expectativas. En España, en cambio, funcionó mejor: alrededor de 1,34 millones de euros, una cifra que, tratándose de un filme alemán de guerra, no es despreciable. El reconocimiento internacional llegó tarde, opacado además por el estreno de Enemigo a las puertas, la producción franco-estadounidense con Jude Law que se llevó la mayor parte de la atención mediática sobre el frente oriental.
La programación oficial frente al streaming
“El que quiera entender qué fue Stalingrado sin pasar por Hollywood tiene la respuesta servida en esta plataforma, con doce mil extras y sin un solo plano rodado en la ciudad real.”Fernando Yapura
Aquí conviene discutir con la programación de los canales de cable y con la grilla de películas bélicas que suelen pasar hasta el hartazgo. Se llenan la boca con “el cine de la Segunda Guerra” y repiten hasta el infinito Salvar al soldado Ryan, La lista de Schindler, El padrino de Dunkerque y alguna otra variante anglosajona con presupuesto descomunal. Mientras tanto, una película alemana que reconstruyó el horror con la crudeza que merecía, sin piruetas épicas y con el frío como actor de reparto, sobrevive en una esquina del catálogo. No es un estreno, es una revancha póstuma. Para quien se anime, la cita es en Amazon Prime Video.
Para ver después
- Stalingrado (1993), de Joseph Vilsmaier: la apuesta germana que busca la crudeza, disponible en Amazon Prime Video.
- Enemigo a las puertas (2001), de Jean-Jacques Annaud: la mirada hollywoodense con Jude Law, ineludible para comparar.
- La caída (2004), de Oliver Hirschbiegel: otra alemana, centrada en los últimos días de Hitler en el búnker de Berlín, para quien quiera quedarse en la misma escuela.
Dicho todo esto, una recomendación fuera de programa: si el tema les picó y quieren ver algo realmente independiente, búsquen “El francotirador de Stalingrado”, un cortometraje argentino de 2022 que rodó un equipo de cinco personas en la provincia de Buenos Aires con un tanque de cartón piedra y un guion que se banca la comparación con cualquier superproducción de mil millones. Sin extras, sin Finlandia y sin Hollywood: pura magia casera. Ah, y ya que estamos en septiembre, una broma al paso: el clásico “Septiembre Musical” de los certámenes estatales tiene una banda sonora perfecta para los veinte millones de marcos que costó Stalingrado, porque cada peso gastado en producción corre la misma suerte: o sale bien y nadie lo recuerda, o sale mal y lo siguen pasando cuarenta años seguidos. Stalingrado lleva tres décadas esperando que alguien lo ponga en su lugar, esta vez lo hizo el streaming.
