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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuerpo en movimiento: tres rutinas aeróbicas para arrancar sin morir en el intento

La OMS sugiere sumar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada. Especialistas consultados coinciden en que trote suave, zona 2 y caminata nórdica son accesibles, medibles y rendidoras para quienes vuelven al ejercicio después de años de sedentarismo.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 31 d
Cuerpo en movimiento: tres rutinas aeróbicas para arrancar sin morir en el intento

"Empecé a correr en el parque y a los cinco minutos ya estaba agitado, pero ahora puedo charlar mientras trotás". Lo dice un vecino de Palermo que a los 52 años se calza las zapatillas tres veces por la semana. Su experiencia resume lo que la ciencia viene sosteniendo desde hace tiempo: moverse no requiere dejar la vida en la cinta.

La Organización Mundial de la Salud establece que los adultos deberían acumular entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado. Tres prácticas concretas permiten cumplir ese objetivo sin pasar por el quirófano ni comprar un pase mensual en un gimnasio de Puerto Madero.

Trote suave, la fórmula del ritmo sonriente

El slow jogging fue sistematizado por Hiroaki Tanaka, fisiólogo de la Universidad de Fukuoka, en Japón. Su método propone correr a una velocidad que permita mantener una conversación sin agitarse. La práctica cruzó Asia, pisó Europa y recaló en Buenos Aires de la mano de grupos que se juntan en el Rosedal y en el Parque Centenario, muchas veces coordinados por WhatsApp y a veces por el boca a boca en el 39 o el 41.

“Un ritmo que parece sencillo para un corredor experimentado puede representar un desafío moderado para alguien que hasta entonces había tenido poca actividad.”Stephen Garland, profesor de Fisiología del Deporte en la Universidad de Malmö

Garland vincula el inicio gradual con mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y con el control de la presión arterial y la glucosa en sangre, siempre que haya regularidad. La constancia le gana al esfuerzo extremo.

Zona 2: la intensidad justa, medida en pulsaciones

La zona 2 no es un ejercicio específico sino una forma de calibrar la intensidad. Se puede alcanzar con caminata rápida, bicicleta, natación o elíptica: la referencia práctica es poder hablar con frases completas sin quedarse sin aire. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte ubica ese umbral entre el 65% y el 75% de la frecuencia cardíaca máxima, aunque aclara que ese porcentaje no funciona igual en todas las personas, ya que la edad, ciertos medicamentos y la condición física individual modifican la relación entre pulsaciones y esfuerzo real.

  • Un estudio de Benedikt Meixner y colaboradores, publicado en Translational Sports Medicine, confirmó que no existe una definición universal de zona 2 basada exclusivamente en la frecuencia cardíaca.
  • El mejor indicador para el vecino que se calza las zapatillas en el barrio es conversar mientras se mueve: si puede completar una oración, está en zona razonable.
  • Un metaanálisis publicado en Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports encontró mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y en indicadores cardiometabólicos en adultos que incorporaron actividad aeróbica de baja intensidad en forma sostenida.

La gran ventaja de este enfoque es que se adapta a la vida real. Una madre de Villa Urquiza puede pedalear en la bici fija del living mientras mira la novela de la noche; un jubilado de San Telmo puede hacer la ronda de la plaza en veinte minutos con un bastón con punta. Misma dosis, distinta letra.

Caminata nórdica: bastones, espalda derecha y barrio recorrido

La caminata nórdica suma el uso de bastones especialmente diseñados. Esto obliga a activar la parte superior del cuerpo y a corregir la postura. La técnica, nacida en Finlandia, se difundió en la Argentina a través de grupos que se reúnen en plazas de Belgrano y de Vicente López, y en parques costeros como el de los Niños, en Quilmes.

Los especialistas coinciden en que, más allá de la disciplina elegida, lo que cuenta es la frecuencia y la progresión. Empezar con dos o tres sesiones semanales de 30 a 45 minutos, sumar minutos antes que kilómetros y controlar la intensidad con la prueba del habla son las llaves para sostener el hábito durante meses.

Antes de largarse, una recomendación que comparten los profesionales consultados: una visita al médico de cabecera y un chequeo de rutina. No para asustar a nadie, sino para arrancar con el motor bien mapeado. El cuerpo, después de años en punto muerto, agradece que lo traten con respeto.

Mi pedido es concreto: esta semana, en lugar de mirar el precio del boleto del 152, bajese una parada antes y camine los últimos diez minutos a paso firme. Mañana, repita. Pasado mañana, agregue cinco minutos. El cambio, como dice el vecino de Palermo, se nota en la respiración antes que en el espejo.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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