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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El crédito como subsistencia: el 76,5% de los hogares con sobrendeudamiento toma deuda para comer o pagar el alquiler

Un informe de Inteligencia Analítica muestra que, entre las familias que destinan más del 10% de sus ingresos al pago de compromisos financieros, predominan los préstamos destinados a alimentos, servicios y vivienda, con una cadena de renovaciones que llega al 90% en los sectores de menores ingresos.

Por Sebastián AssafEconomía e industria · · hace 41 d
El crédito como subsistencia: el 76,5% de los hogares con sobrendeudamiento toma deuda para comer o pagar el alquiler

Cuando el presupuesto familiar no alcanza para sostener el consumo más elemental, el crédito deja de operar como una herramienta destinada a gastos extraordinarios y se convierte en el mecanismo cotidiano con el que los hogares argentinos intentan llegar a fin de mes. Esa es la conclusión central del relevamiento elaborado por la consultora Inteligencia Analítica, que entrevistó a personas que destinan más del 10% de sus ingresos al pago de deudas: tres de cada cuatro familias con compromisos financieros —el 76,5% del universo bajo análisis— reconocieron haber tomado dinero prestado para afrontar necesidades básicas como alimentos, servicios o vivienda.

El informe, difundido esta semana, retrata un cuadro de sobrendeudamiento estructural en el que la toma de un nuevo préstamo suele ser la condición necesaria para cancelar uno anterior. Entre los encuestados, el 77,2% recurrió a esa estrategia de refinanciación sucesiva, mientras que el 62,1% acumula al menos un vencimiento impago en su historial reciente. En paralelo, el 56,2% de las familias endeudadas compromete el 40% o más de sus ingresos mensuales en cuotas, intereses y cargos asociados, un umbral que, en la lectura de los economistas consultados, restringe severamente la capacidad de ahorro y expone a los hogares a shocks de ingresos de cualquier magnitud.

El destino del crédito: comida, servicios y alquiler

  • Alimentos y productos básicos: 44,5% de los hogares endeudados.
  • Servicios, impuestos, alquiler y expensas: 32%.
  • Salud y educación: 5,5%.
  • Ropa, calzado y artículos para el hogar: 5,1%.
  • Otros destinos no especificados: 13,9%.

El desglose por motivo evidencia el carácter regresivo del endeudamiento: las dos primeras categorías —alimentación y servicios esenciales— concentran el 76,5% de los casos y reproducen, en términos reales, el peso relativo de la canasta básica en el gasto de los hogares de menores ingresos. La proporción de familias que recurren al crédito para financiar consumos corrientes como indumentaria o educación es sensiblemente menor, lo que sugiere que, cuando el crédito se activa, lo hace casi exclusivamente para sostener la subsistencia y no para mejorar la calidad de vida.

La situación se vuelve más aguda en los segmentos de menores ingresos. Según el informe, en los hogares que perciben menos de 600.000 pesos mensuales la proporción que financia necesidades cotidianas con deuda trepa al 90%. En ese estrato, además, cambian las herramientas: mientras en la clase media baja y media predominan las tarjetas bancarias, los préstamos de entidades financieras reguladas y las billeteras virtuales, en la base de la pirámide ganan participación los préstamos entre familiares y, sobre todo, los prestamistas informales, que pueden llegar a cobrar tasas superiores al 12% mensual por créditos de montos reducidos.

“Tomo deuda para pagar alimentos, para pagar servicios. Al mes siguiente la situación no mejoró, no la puedo pagar y tengo que seguir pagando los alimentos y los servicios. Tomo otro préstamo para pagar interés sobre interés.”Juan Manuel Escolar, integrante del equipo que elaboró el informe de Inteligencia Analítica

El cuadro de ingresos disponibles acompaña ese diagnóstico. El 38,16% de los encuestados afirmó directamente no poder cubrir sus necesidades básicas con su remuneración habitual, mientras que el 29,1% reconoció llegar justo a fin de mes. Sumados, ambos segmentos representan el 86,4% del total relevado, una proporción que deja en evidencia la fragilidad financiera que atraviesa a la mayoría de las familias bajo análisis. En la comparación con la zafra anterior, la consultora detectó un desplazamiento de los hogares desde la categoría de "llegan justo" hacia la de "no llegan", lo que en términos reales se traduce en una pérdida efectiva del poder adquisitivo para hacer frente a la misma canasta de bienes y servicios.

Con todo, el dato que hay que seguir la semana que viene es la evolución de los pagos atrasados: si el porcentaje de hogares que registra al menos un vencimiento impago —hoy en el 62,1%— comienza a descender, podría interpretarse como una señal de alivio en la cadena de pagos; si se sostiene o aumenta, la dinámica de refinanciación sucesiva que describe Escolar continuará profundizándose en un contexto donde la comida y el alquiler ya no se pagan con ingresos, sino con deuda.

SA
Sebastián AssafEconomía e industria

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