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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El rencor no se queda en la cabeza: lo que le hace al cuerpo sostener una ofensa durante años

Cuando un agravio se revive una y otra vez, el organismo lo trata como si la amenaza siguiera viva. Presión alta, insomnio, inflamación y fatiga se acumulan mientras la bronca se cronifica.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 39 d
El rencor no se queda en la cabeza: lo que le hace al cuerpo sostener una ofensa durante años

"Yo no le deseo nada malo, pero no se lo perdono". Lo escuché en la mesa de un bar de Once, en la esquina de la línea 29, y me quedé pensando en esa frase que repetimos como si no costara nada.

Guardar una ofensa sin procesarla no es solo una mochila emocional. Tiene consecuencias físicas concretas, porque el cuerpo interpreta el recuerdo del agravio como si el peligro continuara ahí, delante de nosotros.

El corazón, el primero en responder

El sistema cardiovascular es el que primero se altera. El rencor sostenido eleva la presión arterial de forma crónica y acelera la frecuencia cardíaca incluso en reposo. El organismo reacciona igual que frente a una amenaza real, y esa alerta repetida aumenta el riesgo de enfermedad coronaria.

Cortisol arriba, defensas abajo

  • El cortisol, la hormona del estrés, permanece elevado más tiempo del necesario y altera el sueño.
  • Favorece la acumulación de grasa abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina, lo que puede abrir la puerta a trastornos metabólicos.
  • Las defensas frente a infecciones bajan y aparece inflamación de bajo grado, un proceso silencioso ligado a enfermedades crónicas.

El cuerpo también se tensa de manera literal. Cuello, mandíbula y espalda acumulan rigidez que no cede con el descanso, y detrás de muchas cefaleas sin causa médica aparente aparece ese nudo que nunca se soltó.

El psiquiatra Norberto Abdala, especialista en psiconeuroendocrinología, aclara que no hay evidencia sólida para atribuir al rencor una enfermedad puntual, pero sí para decir que mantiene encendidos mecanismos perjudiciales para el organismo. Lo resume así: "El cuerpo que paga la factura es siempre el propio".

La fatiga que aparece cuando el rencor se instala no se explica por el esfuerzo físico. Es el desgaste de sostener, sin pausa, una respuesta de emergencia que el cuerpo diseñó para durar unos minutos y no décadas.

Antes de volver a repetir "no se lo perdono" en la mesa del bar, pensá si querés seguir pagando vos la cuenta. Si el cuerpo lleva años en alerta, un primer paso concreto es pedir turno con un profesional de la salud mental y dejar de cargar solo con esa factura.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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