Frances Neagley deja de mirar de reojo y se pone al frente: llega la primera serie derivada de Reacher
Maria Sten conduce un spin off de Prime Video que arranca con la muerte sospechosa de una amiga de la infancia y termina abriendo una trama con sectas, medicamentos experimentales, policías corruptos y un equipo de investigadores tan rotos como el mundo que les toca desarmar.
Hay una frase que sobrevuela cualquier conversación sobre el universo Reacher y que la propia maquinaria de Prime Video repite con entusiasmo de vendedor de feria: Neagley se merece su propia historia. La pusieron por escrito, le destinaron presupuesto, le armaron elenco y la soltaron en el mundo. Ahora bien, cumplido el trámite promocional, lo que queda es una serie que decide sacar del segundo plano a un personaje que durante tres temporadas hizo de bastón emocional del gigante rubio interpretado por Alan Ritchson, y que acá se anima, por fin, a cargar con la investigación. El resultado no reinventa el género, pero le da aire a una franquicia que entre temporada y temporada ya empezaba a parecerse a un gimnasio con espejos.
El punto de partida es bien clásico del policial made in Estados Unidos: una amiga de la infancia de Frances aparece muerta en circunstancias sospechosas después de sumarse a una secta. A partir de ese muerto incómodo, Neagley empieza a tirar del hilo y termina enredada en una trama que excede largamente a la primera víctima. Aparecen medicamentos experimentales, sicarios con sello internacional, agentes de policía con prontuario sucio, espionaje corporativo y organizaciones criminales con más paciencia que los propios detectives. La serie se permite ir y volver entre el trabajo de campo, los interrogatorios y los cruces a los puños, sin necesidad de pedir permiso cada vez que cambia de registro.
Un equipo a la medida de la protagonista
- Greyston Holt es Hudson Riley, un detective que carga con los antecedentes penales de su familia como quien carga con una valija sin ruedas.
- Jasper Jones interpreta a Keno, un estafador reconvertido en informante que parece sacado de un policial negro de los años setenta.
- Adeline Rudolph se mete en la piel de Renee Birdwhistle, una empleada de la agencia de Neagley que quiere dar el salto a la investigación privada.
- Alan Ritchson tiene una aparición breve al arranque, a modo de puente con la serie madre, y después se borra para dejar a Frances manejar su propio descontrol.
Maria Sten vuelve a componer a Neagley con esa mezcla de eficiencia y sequedad emocional que ya se había instalado en la serie original. El personaje arrastra la hafefobia que se presentó en la primera temporada de Reacher, un miedo al contacto físico que la serie vincula con experiencias traumáticas y que, lejos de quedar como un dato de color, ocupa un lugar concreto en cómo se vincula con los demás. A eso se le suma la relación con su padre, que está cerca del final, y un puñado de heridas íntimas que el equipo de guionistas se encarga de repartir entre los miembros del nuevo elenco para que ninguno llegue demasiado entero al caso.
Lo que discute, a esta altura, la lógica oficial de Prime Video es la idea de que un spin off es apenas un anexo promocional de la serie madre. Neagley no se limita a imitar el formato de Reacher: toma el componente de acción, le suma procedimientos de investigación más trabajados y le concede un lugar central a la vida personal de la protagonista. La acción sigue siendo importante, pero ya no aplasta al resto, y la pesquisa encuentra espacio para respirar entre pelea y pelea.
Mientras tanto, el Septiembre Musical de toda la vida sigue anunciando orquestas, coros y abonos a precios que parecen del 2003. Uno se imagina a Neagley infiltrada en el Teatro Independencia, acomodándose entre los suscriptores históricos para desarmar una red de falsificación de entradas, y hasta se le nota una sonrisa. Tal vez el próximo spin off no salga de Prime Video sino del propio festival: Neagley en la búsqueda del abonado fantasma que paga la platea desde 1987 y nunca fue a ver una función.
