Graham Yost y la doctrina de la adaptación a la distancia: "Silo" se permite traicionar los libros porque, total, es su trabajo
El creador de la serie de Apple TV+ defiende cada cambio respecto de la novela de Hugh Howey con una lógica simple: convertir un libro en televisión exige decisiones que la página escrita jamás tuvo que tomar. La tercera temporada ya está en los servidores y las polémicas, también.
"Ese es mi trabajo. Tengo que convertir esto en una serie de televisión." La frase pertenece a Graham Yost y la soltó como quien se sacude una mosca: con ese tono de hartazgo elegante que aparece cuando un creativo tiene que explicar, por enésima vez, por qué la serie que él conduce no calca los libros en los que se inspira. Yost es el showrunner de "Silo", la producción de Apple TV+ basada en la trilogía distópica de Hugh Howey, y acaba de cerrar su tercera temporada rodeado de un murmullo creciente: los lectores de las novelas no terminan de digerir los desvíos.
Adaptar implica tomar decisiones que el libro nunca tuvo que tomar. Esa es la matriz con la que Yost trabaja desde el primer día, y la repite ahora que el ciclo más reciente ya está en la plataforma. El ejemplo más gráfico fue el destino de la protagonista en los episodios de esta tercera entrega: en la pantalla sigue siendo parte central de la trama; en la página de la segunda novela, directamente desaparece. "Habría sido inviable en términos televisivos", resumió el creador, con la tranquilidad de quien sabe que la discusión va a volver a aparecer en cada grupo de Facebook.
Howey como socio y no como fiscal
Lo notable es que el autor de los libros no aparece como querellante en este debate. Hugh Howey avaló desde el arranque que la serie tomara ese tipo de libertades, y la razón es casi genealógica: proviene de la cultura de la ficción escrita por fans, ese universo de relatos compartidos donde nadie es dueño absoluto del mundo que inventó. "Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia", contó Yost. "Siempre ha apoyado que cada uno aporte sus propias ideas." En criollo: el escritor ya entregó las llaves del edificio y se fue a tomar mate.
“A veces recibo mensajes de amigos que acaban de leer los libros y me dicen que nos hemos alejado muchísimo. Y yo pienso: sí, amigo, ese es mi trabajo.”Graham Yost, creador y showrunner de "Silo"
Dos audiencias, un mismo sillón
- Lectores de la trilogía de Howey: llegan con el libreto bajo el brazo y piden coherencia con el universo original.
- Espectadores que sólo vieron la serie: muchos piden expresamente no recibir spoilers ni comparaciones; prefieren descubrir la trama en la pantalla.
- Yost defiende las dos formas de acercamiento y las considera legítimas, aunque admite que la convivencia no siempre es armoniosa en redes.
- Las críticas más filosas le llegan por mensajes privados de amigos que leyeron los libros y le marcan la distancia entre ambas versiones.
Yost cerró su razonamiento con un dato casi confesional: "No soy yo solo: somos un grupo muy grande de personas". O sea, cuando alguien le reclama por desviarse de Howey, no le está hablando a un guionista en su escritorio sino a una sala de redacción entera que firmó esa interpretación. Es el viejo truco del "yo no fui, fue el equipo", pero aplicado con la franqueza de quien sabe que, en el fondo, la firma de los renglones la carga él.
Queda flotando una pregunta que la nota no termina de responder, y que por suerte el lector puede hacerse solo: ¿hasta dónde puede alejarse una adaptación de su fuente sin dejar de ser fiel a lo esencial? ¿Hay un umbral más allá del cual la serie deja de ser "Silo" y pasa a ser otra cosa con el mismo nombre? Esas discusiones exceden a Yost y a Howey, y probablemente se sigan discutiendo en foros cada vez que una plataforma estrene una novela convertida en televisión. Mientras tanto, la recomendación indie de la semana: si quieren discutir adaptaciones con argumentos propios, dense una vuelta por cualquier producción local que esté reversionando cuentos clásicos; la comparación, se los prometo, es menos aburrida de lo que suena. Y ya que estamos hablando de adaptaciones que se toman licencias a cara de perro, alguien tendría que explicarle al Septiembre Musical que versionar óperas no equivale a cambiarlas de siglo, de idioma y de libreto sin avisar: si vas a poner arias en formato de stand up, al menos avisale al compositor.
Te puede interesar
