Hijos del 11-S: el trauma heredado que todavía no cierra
Una investigación en hijos adultos de rescatistas revela que más del 20% tiene depresión y una cuarta parte sufre ansiedad, aunque nunca pisaron la zona cero. El peso lo carga la familia entera.
"Mi viejo volvió roto de las Torres y nunca más fue el mismo; yo tenía cinco años y algo adentro se apagó". La frase le pertenece a un hombre de cuarenta que vive en Nueva Jersey y resume, sin saberlo, el hallazgo central de un estudio reciente.
Veinticinco años después de los atentados, las consecuencias psicológicas siguen activas en personas que no pisaron la zona cero. Una investigación publicada en PLOS Mental Health y encabezada por la profesora Yael Cycowicz, del Columbia University Irving Medical Center, siguió a 270 hijos adultos de 176 familias de rescatistas y trabajadores de recuperación.
Cifras que pesan
Más del 20% de esos hijos presenta depresión. Más de una cuarta parte carga con algún trastorno de ansiedad. Son personas que en 2001 eran menores de 18 años y que crecieron en hogares atravesados por el trauma de sus padres, sin haber visto la destrucción con sus propios ojos.
La autora principal lo explica con una frase que deja pensando: "No tenían que hablar de eso, pero en su conducta comunicaban de algún modo su miedo, ansiedad, desconfianza y preocupación". El mecanismo, dice Cycowicz, es de transmisión indirecta.
Factores que agrandan el riesgo
- Llegar temprano al sitio y permanecer más tiempo en los primeros veinte días de tareas.
- Estar expuesto a restos humanos durante el operativo.
- Que el padre o la madre tenga depresión o TEPT activo en la actualidad.
- Vínculos familiares negativos o con baja calidez en el trato.
La pesquisa cruzó encuestas a padres e hijos con registros del World Trade Center Health Program. Cuando la relación entre padres e hijos era más fría, aparecían más síntomas depresivos y mayor consumo de alcohol en la descendencia. El apoyo social, en cambio, operó como un escudo.
El estudio es claro: tratar al rescatista alcanza, pero no alcanza. La salud mental de toda la familia debe entrar en los protocolos. A 25 años del 11-S, queda un pedido concreto: que los sistemas sanitarios contemplen a hijos y parejas, no solo al bombero o al médico que estuvo en la zona cero.
