Marcel, la conchita que se hizo viral mientras buscaba a los suyos
La película de Dean Fleischer Camp combina stop-motion y falso documental para contar la historia de una pequeña concha que vive con su abuela y quiere reencontrarse con su comunidad desaparecida, a partir de los cortometrajes que el director hizo con Jenny Slate.
Cuenta la historia de una pequeña concha que vive con su abuela Connie y que un día, gracias a un documentalista que se instala en la casa y empieza a filmarla, termina convertida en una suerte de celebridad de internet. A partir de esa exposición inesperada, Marcel empieza a pensar que quizá existe la posibilidad de encontrar a los suyos, a esa comunidad de la que nada sabe y que en algún momento se esfumó sin dar mayores explicaciones.
El responsable del filme es Dean Fleischer Camp, que venía trabajando este universo en una serie de cortometrajes junto a Jenny Slate. La versión larga, de poco más de hora y media, mantiene el mismo mecanismo: animación en stop-motion disfrazada de falso documental, con una cámara que sigue a Marcel en su vida de todos los días y que registra cada uno de sus movimientos como si fuera un equipo de registro detrás de escena.
Una casa enorme vista desde abajo
El gran acierto del film es la decisión de tomar en serio la escala del personaje. Para Marcel, una habitación es un campo a explorar, preparar la comida es toda una aventura logística y arreglar el jardín implica problemas que para cualquier persona serían insignificantes. Esa lógica de objetos cotidianos vistos desde muy abajo le saca jugo al universo sin necesidad de grandes efectos ni grandes declaraciones.
La relación con la abuela es el verdadero corazón de la película. Los dos comparten una rutina atravesada por la ausencia del resto de las conchas, mientras Marcel se aferra al impulso de seguir adelante. Ahí aparecen, sin golpes bajos ni golpes efectistas, el paso del tiempo, el cuidado entre generaciones y el miedo razonable a perder a un ser querido.
El humor se cuela en cada escena sin tapar el tema de fondo. Hay algo de esa capacidad que tienen ciertas películas animadas de meter la melancolía más densa adentro de una broma cotidiana. La pregunta queda flotando cuando salen de la sala, sobre todo para los más grandes: qué lugar tienen los vínculos de siempre en medio de las historias que solemos ir a ver al cine.
“Bueno, miremos a esta concha con zapatos: si a vos te pasa que con los años le tomás más cariño a la película que cuando la viste de chico, no estás viejo, estás prestando atención. La Musical de este año bien podría cerrar su programación con Marcel en pantalla gigante y al público entrerriano llorando discretamente entre las butacas, mientras afuera el viento de septiembre sigue soplando como si nada.”Fernando Yapura
