Marcelo Tinelli vuelve a la pelea: ahora con streaming, reality y la terapia que lo mantiene entero
El conductor debuta con Dale Match, un ciclo diario en clave digital con humor y actualidad, y al mismo tiempo presenta la segunda temporada de Los Tinelli, el reality familiar donde muestra la recomposición del vínculo con sus hijos.
"Acá somos todos conductores", arrancó diciendo Marcelo Tinelli en la presentación de su nuevo ciclo, y la frase sirve como piedra fundacional para entender lo que pretende con Dale Match, el programa diario que lo devuelve al ruedo, esta vez del lado del streaming. La propuesta, lejos de parecerse a las galas domingueras que lo consagraron, se plantó como un cierre de jornada en formato charla, con una mesa de cuatro o cinco voces entre las que suenan Diego Castro, Anita Martínez, Carito Müller y Baulo, y con la voluntad explícita de borrar la frontera entre el que está al frente de cámara y el que mueve hilos en el control.
Tinelli dice que quiere recuperar el espíritu de las mesas de otro tiempo, pero adaptadas a los códigos del streaming, donde el chat reacciona en vivo y el ritmo es más conversación que espectáculo. La idea de fondo suena razonable: un canal distinto para un público distinto, sin renegar de la tele abierta a la que sigue atado de manera formal. El propio conductor lo resumió con una frase que parece pensada para las tapas: "Los tiempos cambian, se reciclan, y está bueno adaptarse".
El reality como parte de la terapia
En paralelo llega la segunda temporada de Los Tinelli, el reality familiar que registró la vida interna del clan. La primera entrega mostró los tirones y las distancias habituales en cualquier familia con exposición mediática; esta segunda, según el propio conductor, arranca desde otro lugar. "Cuando pasa algo en la familia, te preocupás", reconoció. "Lo importante es poder hablar, comunicar y entender que lo que pasó ya pasó." Juanita convive otra vez con él y describe el vínculo con sus hijos como reencauzado, después de un período de diferencias que la serie ventiló con bastante crudeza.
A sus más de seis décadas, Tinelli se muestra obsesivamente prolijo en lo personal: terapia semanal desde hace años, entrenamiento diario, nada de alcohol y un cuidado de la alimentación que describe como parte de un presente que califica como activo y enfocado. Esa rutina ordena el relato público tanto como la vuelta a la pantalla, y aparece apenas disimulada en cada respuesta sobre sus proyectos. El combo reality más streaming más autodescripción funciona como paquete y deja poco margen para la sorpresa.
A la programación oficial, claro, le faltará algo: una dosis fuerte de riesgo. Apostar por el streaming cuando el streaming ya es moneda corriente y por un reality familiar cuando el formato lleva años instalado es, en el mejor de los casos, moverse por el centro de la escena. Habrá que ver si la mesa diaria aguanta el ritmo y si la segunda temporada del reality aporta algo más que la confirmación pública de conversaciones que, en cualquier casa, suelen quedarse en privado. Mientras tanto, queda el debut. Y para quienes busquen algo menos calculado, recomiendoZambia, la obra independiente que se presenta los viernes en un teatro de Boedo, con humor ácido y elenco chico, ideal para desintoxicarse de tanto apellido conocido. Y ya que estamos a fines de agosto, va el chiste que no puede faltar: el Septiembre Musical de Tucumán debe ser el único festival donde el corito barítono sigue siendo Tinelli, porque a él le cantan ópera cada vez que vuelve a una pantalla, aunque sea por streaming.
