Ridley Scott vuelve a la ciencia ficción y, otra vez, no se banca el libro tal cual está
El director británico presenta La constelación del perro, adaptación de la novela de Peter Heller con un tercer acto reescrito a pedido suyo. Cuenta con Jacob Elordi y un guion que, dice, lo enganchó desde la primera lectura.
"Es uno de los tres guiones que me hicieron decir que sí de entrada en toda mi carrera". La frase la dijo Ridley Scott en la entrevista con Martina Barone para la revista GQ y sirve, casi sin querer, como declaración de principios: cuando algo le gusta de verdad, no lo deja en paz. Así pasó con Alien, el octavo pasajero, así le fue con Marte (The Martian) y así volvió a ocurrir con La constelación del perro (The Dog Stars), la película post-apocalíptica que el director británico estrena esta semana en salas.
Un libro, un tercer acto nuevo y un personaje que no estaba
El punto de partida es la novela de Peter Heller, una de esas ficciones de mundo roto que mezclan paisaje, duelo y violencia con ritmo de road movie. Scott la llevó al cine con guion de Mark L. Smith, pero no la dejó llegar a la pantalla tal como estaba. El propio director reconoce que le pidió a Smith una reescritura del tercer acto para meter en una situación crítica al personaje que interpreta Jacob Elordi, un giro que en el libro original directamente no existe. Lo justificó con una fórmula que repitió varias veces: necesitaba una "perspectiva realista".
“Es uno de los tres guiones que me hicieron decir que sí de entrada en toda mi carrera.”Ridley Scott, en entrevista con Martina Barone para GQ
La escena, claro, abre el debate de siempre: cuándo una adaptación deja de ser adaptación y empieza a ser otra cosa. Scott lo sabe mejor que nadie. Lo que le hizo al guion original de Dan O'Bannon para Alien está tan documentado que ya forma parte del manual de cine de género. Y lo que hizo, también en parte, con The Martian, muestra que cuando algo le funciona se permite tocarlo hasta dejarlo a su medida.
Lo que no conviene perder de vista es el regreso en sí. Después de varias décadas marcadas por épica histórica (Gladiator, El último duelo, Napoleón) y por proyectos de presupuesto descomunal, Scott vuelve al terreno donde construyó su reputación: la ciencia ficción con mayúsculas. Lo hace, además, presentándola como uno de sus trabajos más personales del último tramo de la carrera, algo que en su boca puede significar cualquier cosa, desde una modestia hasta una advertencia.
Mientras el circuito comercial se llena de blockbusters de tercera y pochoclo con inteligencia artificial de utilería, vale la pena buscar aire en otro lado. Para esta semana recomiendo Perdida en el bosque, la obra independiente de la compañía local La Tramoya, que se da los jueves y viernes a las 21 en el teatro de la calle Defensa. Es pequeña, es austera, y no tiene un solo personaje de Elordi. Ya con eso, gana.
Y para cerrar, un chiste a la altura de los tiempos que corren: en el Septiembre Musical de este año, la orquesta sinfónica provincial iba a estrenar un himno. Lo suspendieron porque, según el programa oficial, era "muy post-apocalíptico". Nadie terminó de entender qué significaba eso, pero el director artístico pidió que se reescribiera el tercer movimiento. Algo tiene este país con los terceros actos.
