Vuelven los autobots, vuelve Bay (o eso dicen) y el plan es parecerse a las primeras pelis, lo cual ya es bastante
Paramount arma una nueva entrega de acción real con Spielberg como productor creativo y un guion de Jason Fuchs, mientras negocia el regreso de Michael Bay a la dirección. No hay fecha de estreno y, a juzgar por los antecedentes, conviene ir preparando la paciencia y las palomitas.
Lo dijo el que tuvo que decirlo en el comunicado de turno: volver a parecerse a las primeras películas. Frase ambiciosa donde las haya, si tenemos en cuenta que la franquicia lleva varios capítulos peleándose consigo misma entre explosiones, robots que se transforman en criaturas imposibles y guiones que muchos espectadores recuerdan con la misma nitidez que un crédito bancario de hace diez años.
Spielberg otra vez en la cocina
La gran noticia, o al menos la más rimbombante, es el acuerdo de Steven Spielberg con Paramount para asumir el rol de principal productor creativo. Será el que mande creativamente, aunque, claro, sin sentarse en la silla del director. A su lado seguirá Lorenzo di Bonaventura, que ya es parte del paisaje: un nombre tan asociado a la saga que cuesta imaginarla sin su firma. La idea declarada es retomar el enfoque de las películas con las que arrancó esta etapa cinematográfica, es decir, las que dirigió Bay con Shia LaBeouf intentando creerse actor entre tanto metal y chapa.
Ahora, discutamos un poco con la programación oficial, que parece vivir de recuerdos editados. Decir que vamos a parecernos a las primeras es un golazo de marketing: nadie se pone a recordar los problemas de continuidad, los chistes involuntarios ni las peleas de ochenta minutos. Es más fácil enarbolar la nostalgia y dar por hecho que el público va a entrar manso al cine, cuando la verdadera pregunta es por qué el estudio necesitó varias películas, una derivada animada y un largo parate para darse cuenta de que el punto de partida no estaba tan mal.
Bay en el horizonte, pero todavía sin firmar
Mientras tanto, el estudio abrió negociaciones con Michael Bay para que vuelva a la dirección. Subrayemos: negociaciones. Todavía no está confirmado y, en el idioma Hollywood, eso significa cualquier cosa, desde que la semana que viene firman hasta que el proyecto se cae del calendario sin hacer ruido. Lo concreto es que las conversaciones existen y que la intención declarada es que se haga cargo de una nueva entrega. Nada más, nada menos, y por ahora bastante menos que nada.
Bay no es un director que aparezca para hacer cine de arte y ensayo; es un director que aparece para mover cámaras, romper cosas y facturar a lo grande. Y ahí está la otra cara de la moneda: dos entregas de la franquicia superaron los mil millones de dólares de recaudación mundial. Dígase lo que se diga sobre calidad, la cuenta del banco nunca miente, y Bay es sinónimo de esa cuenta. Si vuelve, el ruido también volverá, para bien y para mal.
El guion y un currículum que levanta ampolla
La película tiene guionista: Jason Fuchs, que viene de participar en Wonder Woman, en Argylle, esa película que pasó tan inadvertida que muchos pensaron que era un rumor, y en la serie It: Bienvenidos a Derry. El currículum es desparejo, como suele pasar en Hollywood, donde un crédito rescata al otro. La pregunta lógica es cuánto de eso es decisión de Spielberg y cuánto es el libreto que ya estaba dando vueltas por los escritorios de Paramount.
Y acá va la recomendación de siempre, que para eso estamos. Si alguien quiere pasar un buen rato con robots gigantes sin pasar por la sala de cine comercial, puede rastrear alguna joya independiente de la animación o del género que se la juegue con ideas y no con presupuestos. Hay vida inteligente más allá de la lista de la productora, y suele estar en los márgenes, sin trailers de tres minutos ni cuentas de Instagram pagas. Mientras llegan más detalles de esta nueva entrega, mirar para el costado nunca está de más.
Lo que queda claro es el mapa de situación: Spielberg como productor creativo, Fuchs con el guion, Di Bonaventura repitiendo como productor histórico y Bay en el limbo de las negociaciones. No hay fecha de estreno anunciada, no hay detalles de la trama, no hay director confirmado. Es decir, tenemos lo de siempre: un anuncio pomposo y el calendario en blanco. El tiempo dirá si el proyecto se parece a las primeras películas o a las últimas, que no es lo mismo, aunque los comunicados de prensa insistan con la nostalgia.
Y ya que estamos, una pequeña confidencia para terminar. Si todo este plan se concreta y Bay vuelve a la silla grande, alguien debería explicarle al área de marketing que el Septiembre Musical no es un evento patrocinable para el estreno, por más que la franquicia sienta que septiembre también les pertenece. Pero bueno, en Hollywood nunca faltan las ideas cruzadas, ni los que quieren meterle música clásica a una pantalla llena de robots. Cosas veredes, amigo cinéfilo.
