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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una mano que calma: por qué el contacto físico puede bajar el miedo y la ansiedad

Lo explica Paula Salamone, doctora en Neurociencias Afectivas. Qué pasa en el cuerpo cuando alguien nos acaricia, qué diferencia hay con tocarse uno mismo y por qué la cultura cambia la manera de acercarse al otro.

Por Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana · · hace 22 d
Una mano que calma: por qué el contacto físico puede bajar el miedo y la ansiedad

"Tomame la mano que tengo miedo": lo dijo un nene de Flores al que la madre iba a dejar en la puerta del colegio, y me parece la mejor manera de entrar a esta nota.

Porque la frase resume algo que la ciencia viene estudiando: el contacto físico no es solo un gesto afectuoso, también modifica lo que pasa adentro del cuerpo. Puede bajar la ansiedad y hasta reducir el miedo. Así lo explica Paula Salamone, doctora en Neurociencias Afectivas, investigadora del Conicet y de la Universidad de Santiago de Compostela.

Cómo actúa el tacto en el sistema nervioso

Salamone investiga cómo los estímulos sobre la piel se conectan con el cerebro, la médula espinal y el resto del organismo. Recibir una caricia o un masaje puede cambiar reacciones fisiológicas ligadas al estrés y disparar respuestas de calma. No es magia: es una vía directa entre la piel y el sistema nervioso.

En los chicos, por ejemplo, agarrarse de la mano de un adulto está muy estudiado como herramienta para bajar el temor. El mismo mecanismo se observa en adultos, aunque muchas veces lo pasamos por alto.

Que me toque otro no es lo mismo que tocarme yo

Todos nos tocamos: el pelo, la barba, un brazo. Salamone lo llama autocontacto y dice que sirve para regular emociones. Pero el cerebro no procesa igual un gesto propio que uno que viene de afuera. La diferencia se nota hasta en las cosquillas: si uno se las hace, anticipa el movimiento y la sorpresa se pierde. Si las provoca otro, queda la incertidumbre, y por eso molestan y divierten a la vez.

  • Una caricia de otro activa zonas cerebrales distintas a las del autocontacto.
  • El cerebro diferencia claramente entre lo que generamos nosotros y lo que llega desde afuera.
  • Las cosquillas son un caso testigo: anticipación propia frente a sorpresa ajena.

La cultura manda en la distancia entre cuerpos

Salamone contó que cuando investigó en Suecia, charlar con un colega a tres metros de distancia era lo normal. Cada cultura tiene su propio manual de cercanía. Eso no significa que se sienta más o menos: significa que se expresa distinto.

Ella integra además el equipo Tango-i Lab, en Argentina, que estudia la relación entre el contacto y los síntomas de despersonalización. También se preguntan si la falta de abrazos y manos durante la pandemia dejó marcas que todavía estamos procesando. Es una pregunta abierta, dijo, y todavía no hay respuestas cerradas.

Después de todo esto, una se queda pensando algo simple: en un mundo que se volvió tan digital, regalemos más manos tomadas, más abrazos cortos, más palmadas en la espalda. Y a los que tenemos chicos cerca, no les sacemos el brazo cuando piden agarrarse: ese gesto les baja el miedo de verdad.

CA
Cecilia AbregúSociedad y vida cotidiana

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